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Con el deseo de colaborar efectivamente para que los votantes de hoy se transformen en los electores del mañana y que el principio de que la soberanía reside en el pueblo sea una tangible realidad. Nuestra consigna: ¡Votar para elegir!

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NOTA IMPORTANTE: Las propuestas que hacemos en este sitio solamente se pueden hacer realidad en democracia.

 




 

Victoria // Dulce María Tosta

Concluido el evento electoral municipal del 10D, se abren las compuertas de la opinión, de las explicaciones y de las excusas.

Desde el punto de vista electoral no hubo ganadores, pues no se pueden considerar tales a quienes reciben menos del 10% de los votos posibles, sobre todo cuando la flacidez del resultado es producto de una abstención consciente, militante y activa, hija, a su vez, del hartazgo y la decepción de los mismos que concurrieron entusiásticamente a las urnas el 6 de diciembre de 2015 y, un año después, se dieron a la triste tarea de anotar en la columna de pérdidas lo que anteriormente habían estampado en la de cuentas por cobrar.

La abstención es una forma válida de expresión y es la correcta ante un sistema electoral corrompido que asegura la victoria de las minorías y el éxito de quienes se pliegan a los designios del régimen. El pueblo que el 10D fue el gran ausente en los centros de votación de todo el país, es el mismo que hizo largas colas bajo el sol y la lluvia cuando creyó que el camino electoral era el correcto.

Demostrada hasta la saciedad que el punto de partida de toda dictadura es el desconocimiento de la voluntad popular, calles y caminos se inundaron con la sospecha de que existía un acuerdo entre el régimen y la oposición oficial para aparentar ante el mundo la existencia de una «democracia» que no solamente es insustancial, sino que cada vez le resulta más difícil representar las formas.

El régimen ha llamado y seguirá llamando a elecciones para mitigar la creciente crítica internacional; necesita, con carácter urgente, legitimarse ante un mundo al que cada día se le hace más difícil encontrar explicación para el desastre venezolano. Nunca antes en la historia de la humanidad un país tan generosamente dotado de riquezas naturales fue arruinado tan velozmente; apenas hace 10 años, Venezuela encajaba perfectamente dentro de los parámetros socioeconómicos del tercermundismo latinoamericano. Hoy, más de las tres cuartas partes de la población no obtiene ingresos suficientes para adquirir la canasta básica de bienes y servicios. Así, el país que fuera tierra prometida para centenares de miles de hombres y mujeres de todo el mundo, está entre los más depauperados y necesitado de la piadosa ayuda de quienes, viviendo en libertad, transitan el camino de la prosperidad.

No debe pasar mucho tiempo para que todos nos demos cuenta de que antier, 10 de diciembre de 2017, el pueblo venezolano, simple y llano, obtuvo una gran victoria política, al enviarle al mundo entero un mensaje claro y fuerte: vivimos en una abyecta tiranía que irrespeta a diario los más elementales derechos humanos.

Pero aún más importante que este mensaje, es otro, quizás más difícil de digerir por parte de los pueblos y países democráticos del mundo: quienes dicen oponerse y que son conocidos a lo interno como la oposición oficial, no son más que férreos colaboradores del régimen y ocupantes estratégicos de espacios políticos que le corresponden a grupos y personas realmente deseosas de rescatar la libertad y la prosperidad para todos.

Primero la Coordinadora Democrática y luego la Mesa de la Unidad Democrática, a partir del gran movimiento popular que culminó con la salida de Chávez del poder el 11 de abril de 2002, se han dado a la tarea de ocupar un espacio que no les corresponde y que en justicia debería ser cubierto por personas y grupos políticos comprometidos con la libertad, la democracia y la prosperidad. Quizá, una de las grandes jugadas estratégicas del castrocomunismo fue la creación de esas agrupaciones que se encargaron de aparentar una oposición que no ejercían y de impedir que otros la asumieran, de impulsar bulliciosos y multitudinarios movimientos de masas insustanciales e ineficaces, solamente útiles para descargar la tensa atmósfera social y el explosivo ambiente político.

La nauseabunda conducta de la MUD el 1° de septiembre de 2016, al negociar el referendo revocatorio del mandato presidencial y su reiterada negativa a apoyar «la salida» y a quienes le exigían la Partida de Nacimiento a Nicolás Maduro, recibió el 10D, justo castigo. Con el veredicto popular de hace dos días, queda anotada para la historia como ejecutora de una de las más grandes traiciones jamás conocidas.

Que no descanse en paz y que Dios no se apiade de su alma.

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@DulceMTostaR
http://www.dulcemariatosta.com
12 de diciembre de 2017

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