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Con el deseo de colaborar efectivamente para que los votantes de hoy se transformen en los electores del mañana y que el principio de que la soberanía reside en el pueblo sea una tangible realidad. Nuestra consigna: ¡Votar para elegir!

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Hez // Dulce María Tosta

Venezuela parece haber sido invadida por la hez de la tierra: por narcotraficantes domésticos y foráneos, por terroristas al servicio de las más extrañas causas, por empresarios corruptos y corruptores y, en fin, por toda suerte de seres dedicados a la violación de leyes, la ruptura de las buenas costumbres y el desprecio de los valores éticos.

En esas madrugadas de reflexión en las que cotejamos lo que somos y lo que podríamos ser, es difícil contener las lágrimas. Desde que exploto el Zumaque I el 1° de julio de 1914, han pasado ciento cuatro años de riqueza petrolera y hoy somos un País endeudado y arruinado, cuyo Estado ya muchos consideran fallido.

Mirando el presente, es indudable que esa peste llamada chavismo es el compendio de todos los males, la tapa del frasco, como decimos en buen criollo, pero sería no solamente injusto sino suicida, considerar que los años que lo precedieron fueron el epítome de todas las virtudes republicanas.

Un País que luego de haber chapoteado en dinero durante cien años no haya concluido la autopista que enlace sus partes central y oriental, que no tenga una red ferroviaria que potencie su desarrollo industrial, que carezca de una universidad pública dedicada íntegramente a la formación e investigación agrícola y pecuaria, que no posea hospitales para niños con todos los adelantos y comodidades necesarias, que adolezca de un sistema de salud similar al de Suecia, donde todos sus ciudadanos gozan de un seguro que cubre todas sus necesidades, es un País que debe revisar no solo su presente, sino también su historia.

Se me ocurre pensar que nuestro más grave problema es que no tenemos ni hemos tenido, salvo honrosas excepciones, servidores públicos, sino vividores públicos. Atrincherados tras las siglas de agrupaciones y partidos políticos, «los buenos para nada» nos han desgobernado y saqueado desde los tiempos de Medina Angarita; afincados en un sistema electoral que facilita la creación y mantenimiento de mafias políticas, que se han reservado el derecho de elegir los candidatos a cargos de gobierno y de representación popular, mientras hacen creer a la ciudadanía que hay sinonimia entre votar y elegir.

Desde la explosión del Zumaque, Venezuela no ha tenido problemas económicos; esa riqueza caída del cielo, que no es producto de la labor continuada y paciente de los habitantes en general, quizás se haya convertido en el excremento del diablo, en un factor de empobrecimiento ético y material, que concitó a los peores elementos de la sociedad a tomar el poder para beneficio propio.
Si no aprendemos la lección que nos deja el chavismo y caemos en la trampa que ya tienden los bandidos de siempre, con los términos unidad, olvido y perdón, Venezuela no se recuperará y, por el contrario, seguirá cayendo por el barranco hasta su destrucción total.

Esos términos utilizados habilidosamente por exadecos, excopeyanos y otros ex, constituyen la careta que facilitará la vuelta al gobierno de los que hicieron posible la llegada de Chávez al poder y, lo que es peor, nos garantiza que Venezuela no creará las instituciones fuertes que requiere para administrar sus múltiples riquezas con probidad y eficiencia.

Pues el problema fundamental de la patria de Bolívar es su riqueza, aunada a la ausencia de instituciones capaces de administrarla y preservarla correctamente. Esa carencia es la madre de todas las demás y estará vigente y destructiva mientras no elijamos correctamente a quienes nos han de gobernar, a los cuales debemos exigirles que preserven y fortalezcan las instituciones y rechacen el oportunismo, influidos por el aserto bolivariano: «Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡Hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las Repúblicas.»

Ante la propuesta de los pícaros de unidad, olvido y perdón, la mía, que honra a los caídos, enjuga las lágrimas tan largamente derramadas y nos ofrece un futuro mejor: JUSTICIA.

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@DulceMTostaR
http://www.dulcemariatosta.com
19 de abril de 2018

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