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Con el deseo de colaborar efectivamente para que los votantes de hoy se transformen en los electores del mañana y que el principio de que la soberanía reside en el pueblo sea una tangible realidad. Nuestra consigna: ¡Votar para elegir!

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NOTA IMPORTANTE: Las propuestas que hacemos en este sitio solamente se pueden hacer realidad en democracia.

 

 

 

Todo indica que el régimen de Maduro está viviendo sus días postreros. Una vez que éste desaloje Miraflores, vendrá un gobierno de transición encargado, principalmente, de organizar elecciones para instalar las nuevas autoridades legislativas, administrativas y judiciales y de echar las bases institucionales de la nueva etapa del quehacer político venezolano.

Los errores y aciertos de este gobierno transitorio serán de suma importancia, porque de sus ejecutorias puede depender la suerte de millones en las próximas décadas. Su primera obligación –y quizás la más importante– será la de convertir al «votante» en «elector», arrancando de las fauces de los partidos políticos la ilegítima tradición de ser los grandes electores, de ser quienes ponen y quitan en el manejo del Estado, de espaldas al sentir y querer de la ciudadanía.

En el aspecto electoral debe tomar importantes decisiones: establecer la obligatoriedad de elecciones primarias para todos los cargos de elección popular; eliminar el voto lista; descartar las máquinas de votación y restablecer el voto manual; eliminar la intervención militar en los procesos de votación; incluir como de elección popular y directa ciertos cargos, como el de los magistrados del TSJ, Contralor y Fiscal generales, entre otros; establecer la obligación de que los actos de escrutinio y totalización electorales se puedan observar –en tiempo real– a través de internet; abreviar los periodos presidenciales a 5 años, con prohibición absoluta de reelección.

Durante décadas hemos observado que la soberanía popular, establecida en nuestras constituciones desde hace más de cien años, fue transferida a los partidos políticos quienes, a su vez, han sido reacios a ejercer la democracia interna. Esto, en definitiva, ha sido cantera de corruptelas, propiciadora de mafias, de tribus, de sórdidas alianzas y, como consecuencia inmediata y directa, frustración del Estado de derecho.

La nueva Venezuela debe ser realmente libre y sustancialmente democrática. Solamente así será posible la prosperidad y estabilidad largamente esperadas; para ello será menester mucho esfuerzo e inteligencia, pues como dijo Simón Rodríguez: «O inventamos o erramos».

18/02/2020

Fuente: http://www.eligetu.org/index.php/9-portada/65-editorial-13

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