Que profunda tristeza siento, cuando veo en lo que se ha convertido nuestro hemiciclo; según dicen algunos, ha sido un casting para escoger los protagonistas de una nueva versión de la película Pinocho y yo agregaría más: todos los venezolanos somos los extras de esa película.

Aplaudiría en realidad si el presidente y los ministros hubieran entregado una real rendición de cuentas y que la Asamblea Nacional ejerciera su función contralora de la administración pública.

En cinco y más maratónicas sesiones nos han mostrado en papel, palabras y gráficos un prospero país, achacando los males crecientes a la IV República, el imperio y el paro petrolero; tales como: los intentos de privatizaciones, la pérdida de miles de contenedores llenos de comida y otros con casas traídas de otros países, la emergencia eléctrica decretada hace un año, el constante saboteo de la oposición, el niño o la niña, la estafa inmobiliaria y hasta la inseguridad, solo para justificarse.

Los venezolanos estamos cansados de que los políticos vivan en un estéril enfrentamiento, de que lo hicieron o hacen bien o mal; queremos y necesitamos que realmente se ocupen de hacer de Venezuela ese país que han mostrado en papel, el país con el que todos soñamos. Aquí, todos, porque hasta nosotros, somos responsables de lo que ha sucedido y sucede: los políticos por sus deficientes gobiernos a lo largo de los últimos 50 años y nosotros por haber sido complacientes y no habernos revelado hace más de 30.

Todos los días hay protestas de trabajadores de cualquier sector, algunas han llegado más allá de una protesta, tales como huelgas de hambre, que han llegado a cocerse la boca y a extraerse la sangre, realmente dantesco, que hemos visto en el sector salud y educación luchando por sus reivindicaciones salariales, entre algunas de sus peticiones. También de gente que no ha obtenido un empleo formal, los que trabajan en la economía informal, los motorizados, comunicadores sociales y dueños de emisoras de radio por el cierre de medios de comunicación, hasta los invasores, a los que se les ha prometido viviendas desde sus tragedias particulares y aún viven en refugios, los presos y sus familiares denunciando irregularidades en la administración de justicias, en fin, un rosario de protestas que a diario vemos en Venezuela.

Tampoco pareciera importarles lo que vivimos, cuando salimos a trabajar, a comprar o a compartir con familiares o amigos y tenemos que enfrentar a la inseguridad que ya nos tiene acorralados y no nos permite tener la calidad de vida que conforme a la Constitución está obligado a darnos el Estado.

Los venezolanos nos debatimos permanentemente entre la escasez y la carestía, la primera nos obliga a realizar verdaderas excursiones para lograr adquirir los productos de la dieta básica y la segunda nos impone la necesidad de hacer milagros con el menguado sueldo, para que no siga cayendo abruptamente la calidad de los alimentos que consumimos y ofrecemos a quienes dependen de nosotros, pues ya hace bastante tiempo renunciamos a los pequeños lujos que hacen a la vida más grata y promisoria.

Es por esto que hago un llamado a todos y a cada uno de los que aquí vivimos, para que reflexionemos y no nos ceguemos por nada ni por nadie, nosotros mismos, quienes vivimos las vicisitudes seremos los responsables en el 2012 de elegir a las personas que realmente llenen los requisitos para dirigir el destino de las alcaldías y gobernaciones de cada una de las regiones del país y el hombre o mujer que dirija el Gobierno Nacional. 

 
DULCE MARÍA TOSTA |  EL UNIVERSAL
sábado 16 de abril de 2011  05:46 PM
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Fuente: http://www.eluniversal.com/opinion/110416/venezuela-en-papel-palabras-y-graficos

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