20 - 40 - 60 no son tallas, ni medidas y tampoco el titulo de una canción (40 y 20 de José José), son los kilómetros que marcó el velocímetro de mi vehiculo durante el viajé de ida y vuelta que hice a Caracas el viernes de la semana pasada (09/07/2010).

Deseo compartir mi historia con ustedes, porque realmente fue una hazaña vivida en este trayecto, que a continuación les cuento:

Mi relato comienza a las 12:45 pm, cuando inicié mi viaje para ir a Caracas a buscar a mi hermana, apenas subí a la autopista desde La Encrucijada de Turmero y tan solo rodar algunos metros me encontré con una cola a la altura de la estación de servicios "Las Morochas", para ese momento ya llevaba la radio encendida escuchando la emisora Victoria FM 103.9, quienes normalmente nos informan de la situación en carreteras y autopistas en la región central del país, allí comentaban de la mencionada cola que se había formado en el tramo de Aragua sentido Caracas, que comenzaba desde el embalse de Zuata, debido a que trasladaban una planta termoeléctrica y por lo grande de la misma, solo había paso por el canal rápido, se podrán imaginar 3 canales convertirse en uno, digo 3 porque al formarse las colas por lo general los conductores ocupan el canal del hombrillo. Allí logré pasar el enorme vehículo una hora y veinte minutos más tarde (2:05 pm) y ya pasada la entrada de La Victoria. Transitado este trayecto, el viaje a Caracas había transcurrido tranquilo, claro, pasando varios tramos en pésimas condiciones. A Dios gracias, y como cosa rara, por las fallas de borde no había cola antes del túnel de Los Ocumitos, ni entrando a Caracas y tampoco en la Valle-Coche, donde normalmente las colas se forman.

Cuando iba por la avenida Bolívar, que también estaban fluidas las colas, avisé a mi hermana para que estuviera lista y saliera a encontrarse conmigo, debido a que donde trabaja es difícil estacionar, no obstante, cuando pasé por el edificio no estaba allí y me vi en la necesidad de continuar el recorrido y buscar donde dar la vuelta, para regresar a ese punto, lamentablemente, inventé cruzar por una calle que no conocía y esta me sacó lejos de la ruta, pero con mucha paciencia y atenta continué rodando, hasta que al fin como a las 4:15 pm., luego de una hora de recorrido y debido al gran congestionamiento vehicular, pude recoger a mi hermana que ya me estaba esperando preocupada e impaciente.

En nuestro viaje de regreso encontramos cola desde la avenida Bolívar, pasando por la Valle-Coche y hasta salir de Caracas por el antiguo peaje, debido al gran volumen de vehículos que salía de Caracas, allí no me fijé en la hora, solo que logramos rodar unos kilómetros y antes de llegar al túnel de Los Ocumitos nos encontramos de nuevo con una gran cola, que entre parar y rodar a 20 kilómetros nos llevó hasta el kilómetro 50, increíble, medio camino recorrido a esa velocidad, además llovía, caían rayos y centellas y no se podía ver bien por la neblina.

Al pasar el kilómetro 50, las colas se dispersaron y pudimos subir la velocidad, mi velocímetro marcaba 40 kilómetros, por espacio de un kilómetro, ya que debimos reducir considerablemente de nuevo la velocidad por la fuerte lluvia que de nuevo caía y donde nos encontramos hasta el kilómetro 55 con derrumbes y árboles caídos, que ocupaban el canal del hombrillo y parte del canal del centro de la autopista. Ya había oscurecido, lo que hacía más peligroso el camino, por la falta de iluminación.

En todo el trayecto nos fue imposible detener en alguno de los paraderos que existen en la autopista, para por lo menos estirar las piernas, ya que entre la fuerte lluvia y la gran cantidad de gente que había en los establecimientos era preferible continuar.

Continuamos rodando despacio, a la altura de Las Tejerías nos encontramos con retención vehicular, seguía lloviendo, desde allí y hasta el distribuidor de La Victoria lo recorrimos a 20 kilómetros. Pasada La Victoria no estaba lloviendo y las colas rodaban más rápido, éste fue el único trayecto que pude subir la velocidad, pero solo hasta 60 kilómetros hasta llegar a La Encrucijada de Turmero, donde también estaba lloviendo, miré mi reloj y las agujas marcaban las 8:45 pm.

Contabilizando las horas de mi viaje, duró exactamente 8 horas, increíble, pero cierto, entre la lluvia, los truenos, los derrumbes, la oscuridad, lo deteriorado de la vía y miles de conductores al igual que yo desesperados por llegar a sus destinos pasé mi viaje de ida y vuelta.

Cuando llegué a casa me pareció ver la gloria, imagino lo terrible para quienes tienen que viajar a diario por las autopistas y carreteras del país.

Es triste ver cómo en un país tan rico no se utilicen los recursos, entre otras cosas, para construir y mejorar autopistas, carreteras y avenidas.

 

DULCE MARÍA TOSTA |  EL UNIVERSAL
sábado 17 de julio de 2010  01:30 PM
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Fuente: http://www.eluniversal.com/opinion/100717/20-40-60

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