Votantes o electores // Dulce María Tosta

En medio de la controversia política y la polarización alimentada por régimen y opositores, nos alejamos cada vez más de los fundamentos teóricos y constitucionales que dan soporte a las votaciones, que desde hace tiempo perdieron su carácter electoral.

La sinonimia entre votante y elector propia de los países políticamente desarrollados, es apenas una vaga ilusión para el venezolano de a pie, quien en multiplicidad de ocasiones ha sido convocado para depositar su voto, requerido para legitimar elecciones ya realizadas por las cúpulas de los partidos o de grupos de partidos.

La afirmación de que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo contenida en el artículo 5 de la Constitución Nacional es, como muchas otras de ese Texto, la expresión de un deber ser cada día más alejado de la realidad; no se puede llamar soberana a una ciudadanía que vota, pero no  elige y que es utilizada por las organizaciones políticas como instrumento para legitimar el despojo de que la hacen víctima, cuando le niegan la realización de elecciones primarias transparentes y universales.

Es triste pero necesario afirmar que en Venezuela la soberanía reside en Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, por una parte y en Henry Ramos Allup y Julio Borges, por la otra, con asociados de menor cuantía congregados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD); los segundos eligieron el 76% de los candidatos no chavistas a la Asamblea Nacional, dejando apenas un 24% a la libre escogencia de la ciudadanía, apelando a la absurda conseja de que unas primarias universales podrían ser afectadas por manipulaciones del régimen.

Así, un grupo de partidos que no suma el 10% de los ciudadanos en edad de elegir, designó más de las tres cuartas partes de los candidatos, negándole primarias a entidades como Lara y Miranda, donde los jefes de la cúpula se sabían perdedores en lo interno.

Este País vive un momento grave y estelar de su historia. Cuando muchos ciudadanos de buena fe esperábamos una convocatoria a la unidad nacional, imprescindible para salir de la crisis enfrentando a un régimen cada día más gorilesco, la MUD responde con unas primarias chucutas protectoras de los intereses partidistas e insensibles a los requerimientos del País; la oportunidad de hacer una gran convocatoria a la unidad nacional, cedió insólitamente ante los intereses de Acción Democrática y Primero Justicia. Tal decisión hizo que la MUD quedara convertida en una simple Mesa, perdidas como fueron sus iniciales características unitarias y democráticas.

La democracia se fortalece ejerciéndola. Unos partidos que sabiéndose franca minoría eluden la controversia y la participación de los grandes conglomerados, no pueden llamarse democráticos ni unitarios, pues lo único que han demostrado en los tormentosos tiempos que vive el País, cuando de ellos se esperaba que fueron los clarines de la esperanza, es que estaban construyendo la tramoya para absorber el creciente antichavismo de la gente.

Los arrogantes dedos del PSUV y de la M (sin u ni d), escogieron a candidatos que mañana, agradecidos por los favores recibidos, violentarán el artículo 201 constitucional, que a la letra señala: “Los diputados o diputadas son representantes del pueblo y de los Estados en su conjunto, no sujetos a mandatos ni instrucciones, sino sólo a su conciencia. Su voto en la Asamblea Nacional es personal.”

Con pesar debemos afirmar que los venezolanos no somos electores, sino simples votantes; que el Poder Electoral no reside en el pueblo, sino en el CNE y en las cúpulas partidistas, y que los que se dicen opositores democráticos en poco se diferencian de su contraparte del PSUV. Esta triste realidad convoca a los ciudadanos independientes a prestar especial atención a su conducta política, a ratificar su convicción de que la democracia es la menos imperfecta de las formas de gobierno, o como dijo Henry David Thoreau: “Ningún gobierno es perfecto. Una de las principales virtudes de la democracia, sin embargo, es que sus defectos son siempre visibles y en los procesos democráticos pueden señalarse y corregirse.”

Creer que un grupo político es propietario de la unidad es mostrar ignorancia sobre el significado del término: “unidad (Del lat. unĭtas, -ātis). Unión o conformidad”. Los venezolanos no estamos unidos ni estamos conformes. Algunos, quizás los más inocentes, consideran una obligación patriótica ir a votar aun cuando sea con el pañuelo en la nariz; a esos les quiere hincar el diente la M(ud), aprovechando el furibundo antichavismo que les nubla la capacidad de análisis; ellos llevarán a la Asamblea a los mismos pillos que hicieron posible el triunfo electoral de Chávez en 1998. Otros, no menos antichavistas,  pero más claros en lo peligroso de un salto atrás, de una vuelta a la mal llamada IV que nos aseguraría más temprano que tarde una nueva V, pensamos que es hora de que emerja una nueva oposición, clara de sus deberes para con el País, realmente democráticay en sintonía con los anhelos del sufrido conglomerado nacional.

Escrito por :  Dulce María Tosta
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@DulceMTostaR
14 de agosto de 2015

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