El Engaño // Dulce María Tosta

Con el inicio de la campaña electoral que cerrará poco antes del 6 de diciembre, parece que se liberaron los demonios del engaño y la mentira.

Los candidatos de parte y parte se han lanzado a las calles con sus mochilas llenas de promesas, que en su gran mayoría son ajenas a las competencias de los cargos que aspiran. Tales ofertas, engañosas y hasta estrafalarias, indican que para el ofertante los problemas que desea resolver son los propios, los personalísimos, como diría Jorge Rodríguez.

Candidato que miente es porque no tiene verdades que aducir ni proyectos viables que impulsar desde su curul de asambleísta; el mentiroso sabe muy bien que son muy pocos los venezolanos que han leído los artículos 197 y siguientes de la Constitución, referentes a los diputados a la Asamblea Nacional; los artículos 202 y sucesivos, que tratan de la formación de las leyes y que pocos manejan con certeza los grandes principios de la democracia, la soberanía popular, así como los derechos y deberes inherentes a la condición de ciudadanos.

Algunos políticos, conscientes de la ignorancia popular, no se ruborizan al mentir. Hacen un inventario de necesidades e inventan toda suerte de soluciones, que van desde la eliminación de las colas para comprar comida hasta el pleno empleo y la inflación cero. Prometen una suerte de Disneyworld, a sabiendas de que no tendrán que rendir cuentas, porque el artículo 201 de la Constitución tiene la solidez de una ración de algodón de azúcar.

En época de votaciones es cuando percibimos con más fuerza el costo del tiempo perdido entre 1958 y 1998. Esos 40 años se han debido utilizar para formar ciudadanos verdaderos y no simples habitantes, venezolanos conscientes de la grandeza de su historia y de la tremenda responsabilidad que tal grandeza implica.

El venezolano de hoy, desconcertado y permeable a la mentira, es víctima de la falta de pedagogía de los que se auto titularon gobiernos democráticos (1958-1998). A esos partidos tampoco les convenía un País de ciudadanos, sumidos como estaban en la querella menuda y en las campañas electorales aderezadas con falsas promesas, sacos de cemento y planchas de zinc.

El destino parece habernos alcanzado. Todas las culpas del ayer nos han sido facturadas en estos últimos 16 años, hasta hacernos recalar en el mar de la felicidad y, peor aún, enrumbarnos hacia la atroz Corea del Norte de Kim Il-sung, convirtiendo al chavismo en secta religiosa patrocinada desde las alturas por una nueva deidad: Hugo Rafael Chávez Frías.

En manos de los venezolanos está la solución de tantos y agudos problemas; la salida debe comenzar por un ejercicio de auto estima; no dejarnos engañar, aunque resulte cómodo; utilizar el por qué como látigo para azotar pillos y desbaratar añagazas y, si acaso nos fallaran las fuerzas en el intento, fortalecernos recordando de dónde venimos y hacia dónde tenemos el derecho y la obligación de ir.

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@DulceMTostaR
http://www.dulcemariatosta.com
25 agosto de 2015

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