EL 6D // Dulce María Tosta

Independientemente de los ganadores y aun cuando el CNE respete el sentido de los votos depositados en las urnas, los resultados de las elecciones del 6 de diciembre serán fatalmente espurios, por cuanto la ciudadanía estaría expresando plebiscitariamente solo una parte de su voluntad: el rechazo o el consentimiento al régimen madurista.

Ese evento debería tener como objeto la elección de los integrantes de la Asamblea Nacional, por votación «universal, directa y personalizada» según ordena el artículo 186 constitucional.

Pero, ¿se cumplirá el objeto propuesto por la Constitución? ¿Elegimos a los candidatos que llenan de mejor manera nuestras expectativas políticas, o simplemente convalidamos a los elegidos por las cúpulas de los partidos de uno y otro lado? ¿Fue democrática la preselección u obedeció a órdenes e intereses cupulares? ¿La ciudadanía es electora activa o sumisa convalidadora?

Las respuestas a estas preguntas son de suma importancia para entender el proceso político en el que estamos enfrascados y la gravedad de la situación nacional. Lamentablemente para nuestra salud cardiaca, no formamos parte de los que con candor infantil piensan que todos los «buenos» están de un lado y todos los «malos» del otro; que votar contra el régimen es propio de demócratas y hacerlo por el madurismo es asunto de locos o de fanáticos. No, la cuestión es más seria, grave y preocupante: estamos entrampados entre la pretensión del madurismo de eternizarse en el poder y los deseos de los partidos de la MUD de engordar al máximo sus nóminas de diputados que, en definitiva, a nadie representarán, pues no serán electos en virtud del apoyo de sus coterráneos, sino del hastío y rechazo provocado por un régimen corrompido que prometió mucho y, en definitiva, arruinó al País.

Esta situación sería muy distinta si la MUD hubiese estado a la altura de su compromiso histórico, llamando a elecciones primarias transparentes y universales, de manera tal que sus candidatos obedecieran a los deseos de la gente y fueran amalgama para construir un gran acuerdo nacional hinchado de participación popular. Mas no fue así, AD, PJ y UNT apelaron a las tretas de la vieja política para sacarle ganancias inmediatas al antichavismo, sin percatarse que están construyendo unas estructuras sin robustez, proclives a ceder ante el menor sismo político.

No es raro escuchar un sonoro no sé, ante la pregunta ¿nombre del candidato por quién votarás?, o también por el que sea, pues como dijo Poleo, en un ejercicio de cínica sinceridad «el nombre no importa», arriesgándose a chocar frontalmente con un aserto en sentido contrario del más ilustre de los caraqueños: «…a veces son los hombres, no los principios, los que forman los Gobiernos. Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las Repúblicas

Así, los opositores no votarán a favor de los postulados por la MUD, sino en contra de los propuestos por el PSUV; sus votos no significarán apoyo o simpatía para el señalado, sino un anodino «cualquier cosa es mejor que esto» o un «seguro que el otro es peor que tu». Triste manera de acceder a la función legislativa.

Como si no fuera suficiente el vicio de la voluntad de los electores, a ello se suman las irregularidades del inauditado Registro Electoral Permanente (REP), los circuitos organizados a la medida de los requerimientos del PSUV, el uso masivo y obsceno de los recursos del Estado a favor de los candidatos oficialistas y un CNE y un Plan República evidentemente parcializados.

Tales sumandos no pueden producir otra cosa que una suma absolutamente corrompida, que no debe tenerse como válida dentro de parámetros democráticos básicos. Por tanto, los que piensen como estadistas y no como políticos urgidos de satisfacer sus ansias de poder, deben tener entre sus metas la reconstrucción de la República, que en lo político debe encontrar su fuente de legitimidad en elecciones generales libres, universales, transparentes y, sobre todo, cuyos resultados expresen el real sentir de la ciudadanía.

 

Escrito por: Dulce María Tosta
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@DulceMTostaR

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