Mañana // Dulce María Tosta

Mañana, 6 de diciembre, los venezolanos saldremos a votar contra el régimen más corrupto e inepto de todos cuanto se recuerden. Salvo uno que otro, no vamos a votar a favor de alguien, sino en contra de que persista una situación política, económica y social que cada día se hace más difícil de tolerar.

Mañana es el Día D, una versión venezolana del 6 de junio de 1944, cuando los aliados asaltaron la fortaleza europea, regando con cadáveres las agitadas aguas de Normandía, en aras de la libertad. Mañana acudiremos a las urnas, no en procura de unos vencedores que nos representen en la Asamblea Nacional, sino en busca de la concreción del profundo rechazo a un régimen que no ha debido existir, que nos ha presentado ante el mundo como un País de forajidos, aliado de todo lo malo que pulula sobre la tierra.

Iremos a votar con la adustez de quien presenta al cobro un giro vencido. Muchos lo harán «por la manito» de quienes se auto titulan «unidad», a pesar de haber desunido a la oposición al negar la escogencia de sus candidatos mediante elecciones primarias universales; otros lo harán por candidatos opositores independientes, a pesar de que han sido objeto de múltiples epítetos denigrantes, tanto del régimen como de la MUD; los más radicales no irán a votar, no por solidaridad con el régimen, sino en rechazo a las argucias de la MUD, a su pecado capital: «el dedo», capaz de colocar en puestos salidores a quienes la gente rechaza con vehemencia.

El régimen recibirá una paliza de antología, pero no habrá victoria popular, por más que algunos se empeñen en celebrar como triunfo del pueblo el triunfo de unos pilluelos que se montaron en la ola del antichavismo para convertirse en los «menos malos», en una suerte de examen de la próstata, poco grato pero necesario.

Para los que seguimos la política sin compromisos grupales, pero con atención y angustia, somos del criterio de que mañana daremos un paso en la dirección correcta al derrotar aplastantemente al régimen, pero que siendo un paso de extrema importancia no es el último ni el definitivo en un largo camino que aun deberemos transitar para instaurar la libertad y la democracia sustancial.

El día de mañana será difícil. Nadie, en su sano juicio, puede esperar del CNE una conducta imparcial y ajustada a las leyes, cuando solamente acepta a la chavista UNASUR como «acompañante» internacional, rechazando la presencia de la OEA y de la ONU; que admite que periodistas de otros países sean despojados de sus implementos de trabajo para dificultarles su labor; que permite la masiva violación de la ley electoral a Maduro y a los candidatos del régimen y que, en fin, se muestra más chavista que Chávez y más perverso que el diablo.

Muchos piensan, con bastante lógica, que estamos a pocas horas de un fraude monumental; que un régimen tan proclive a violar la Constitución no va reconocer su pérdida del apoyo popular, que es la ficción sobre la que fundamenta su escasa legitimidad. Mañana la sombra del fraude estará omnipresente en Venezuela, bien porque la MUD negocie con el régimen una victoria pírrica (como sucedió con ocasión del referendo constitucional), o porque el PSUV se apropie una victoria que le fuera negada en las urnas. En ambos casos, un pueblo harto de engaños y mentiras estará en la calle, dispuesto a todo, menos a la pérdida de su libertad.

Turmero, 5 de diciembre de 2015.

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@DulceMTostaR

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