La instalación // DulceMaría Tosta

A medida que nos acercamos al 5 de enero, fecha en la cual se debe instalar la Asamblea Nacional recién electa en cumplimiento del mandato contenido en el artículo 219 de la Constitución, crece la expectativa en toda la geografía nacional. Lo que debería ser un acto rutinario y poco noticioso, se ha convertido en un punto de inflexión para el futuro político de la República, en una suerte de examen riguroso para la Fuerza Armada Nacional y en una aguda prueba para la vocación libertaria del venezolano.

Como es fácil entender, el 5 de enero es una consecuencia directa del 6 de diciembre. Un C.N.E. obligado a respetar la voluntad popular por la magnitud de la diferencia y por la correcta actitud de la Fuerza Armada, cuando ya estaba dando los primeros pasos para concretar el fraude (por muchos esperado), postergando ilegalmente la hora de cierre de las mesas electorales, asumiendo como suya una competencia exclusiva y excluyentemente propia de cada mesa.

Sin pretender competir con el brasileño dos Santos, con Mister Popo ni con Adriana Azzi, vemos el 5 de enero como un día turbulento, llamados como han sido los colectivos para impedir la instalación de la Asamblea «burguesa», extrañamente proclamada por un sistema electoral chavista que semanas antes promovía la firma de un documento de aceptación y respeto de los resultados del 6D. Turbulento, también, porque transcurrirá bajo un régimen que cada día se muestra más desorientado e incapaz de salirse del profundo hoyo político en lo que lo metió el voto castigo depositado por un porcentaje inédito de electores.

Durante lustros el chavismo contó con el desconcierto de un pueblo sin liderazgo y la pasividad cómplice de múltiples factores de poder; gracias a estas desafortunadas circunstancias, se acostumbraron a manejar los asuntos públicos con la prepotencia de reyes medioevales y con el desparpajo del hampón que se sabe tenedor del único revólver que hay en la estancia. Por ello, los resultados del 6D los golpearon política y psíquicamente: verse convertidos, en cuestión de horas en reyes desnudos, expuestos a la mirada pícara de quienes en la mañana les eran genuflexos; que se descubriera la sostenida mentira de que gozaban del apoyo irrestricto de las grandes e irredentas masas populares; sentir que la religión que pretendían fundar alrededor de la figura del comandante eterno, no llegaría ni siquiera al rango de secta y, lo que es peor, la conciencia de que los múltiples delitos cometidos en el poder los llevará a responder ante jueces nacionales y foráneos, los enloquece,  les nubla la razón y los hace especialmente peligrosos, dispuestos a cualquier acto ruin que les asegure la sobrevivencia.

El 5E la actitud de la Fuerza Armada Nacional será determinante para evitar males mayores. Si cumpliendo con sus deberes constitucionales reprimen a las bandas armadas y fanatizadas que eventualmente intentarían impedir la instalación de uno de los poderes del Estado y se muestran con la misma firmeza exhibida el 6D, las cosas pueden no pasar a mayores; pero si titubean y no actúan en base a su competencia como detentadores de la violencia legal del Estado, muchas lágrimas pueden derramarse el quinto día del año y en los subsiguientes.

Los hombres y mujeres que constituyen la Fuerza Armada no viven en Marte; nacidos en esta tierra, sobre ella van gastando sus vidas y seguramente bajo ella descansarán sus restos. Es vox populi que en la mesa donde sufragó el Regimiento Guardia de Honor y en otras donde preponderaba el voto militar, ganó la oposición. Eso dice mucho y promete mucho, porque señala una sintonía deseada entre el ciudadano civil y el de uniforme, demostrativa de que todos somos hormigas de la misma cueva.

La instalación de la nueva Asamblea Nacional es un paso de suprema importancia en el camino hacia la libertad, pero como dijo Winston Churchill el 9 de noviembre de 1942, al referirse a una de las primeras victorias británicas en la II Guerra Mundial: «Ahora, este no es el final, no es ni siquiera el principio del final. Puede ser, más bien, el final del principio».

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@DulceMTostaR

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