A mis casi 50 años me siento a reflexionar acerca de lo que fue mi niñez y adolescencia y me entristece ver cómo se han perdido nuestras costumbres y valores; me da nostalgia recordar los paseos por la plaza de mi pueblo, así lo llamábamos, ¡¡¡MI PUEBLO!!!, ahora, se le dice ciudad, municipio, parroquia, así a secas, sin pasión. Unos paseábamos en grupos de amigos y otros en familia, pero todos con un mismo fin, que era el de compartir gratos momentos, anécdotas y cuentos, allí nos encontrábamos con los tradicionales puestos de dulces criollos, que vendían majarete, mazamorra, buñuelos de yuca, polvorosas. En Semana Santa vendían mal de rabia, conservitas y besitos de coco, los conocidos lairenes que sólo se veían en febrero, ahora se consiguen durante todo el año.

Recuerdo también en diciembre las Misas de Aguinaldo a las 4 de la madrugada, asistíamos mis hermanas y yo junto a mi mamá quien nos llevaba y al culminar la misa íbamos a comer arepitas dulces y a tomar chocolate; nosotras no paseábamos alrededor la plaza como nuestras amigas, pero igualmente disfrutábamos de ese momento. Recuerdo las famosas Misas de Gallo de los 24 de diciembre antes de las 12 de la noche, allí nos reuníamos todas las familias con las que compartíamos durante el año, todos vestidos de fiesta y felices por la ocasión.

De igual modo, recuerdo las fiestas patronales de Turmero, la elección de la reina, el desfile, las exposiciones de obras pictóricas y artesanía en la ahora deteriorada plaza Mariño, la plaza principal de ¡¡¡MI PUEBLO!!!, las ventas de dulces criollos, algodón de azúcar, las tómbolas, el baile de cierre con la Billo´s Caracas Boys, la carrera de bicicleta, que pasaba frente a la iglesia a las 12 del mediodía el día 2 de febrero, por cierto que en una oportunidad mi mamá fue atropellado por uno al salir de la misa, a Dios gracias no pasó de un susto y nuestra tradicional evento religioso en homenaje a nuestra patrona la Virgen de Candelaria el 2 de febrero, ofrecido por el obispo, nuestro párroco y otros sacerdotes de parroquias vecinas. Mi mamá pertenecía al grupo de damas que se ocupaba de arreglar a la Virgen (equipo de La Candelaria), limpiar y decorar la Iglesia; yo participaba en la limpieza y preparaba tortas para compartirlas con las amigas y amigos del grupo.

En Semana Santa asistíamos a las procesiones hasta las 12 de la noche, que era cuando entraba la imagen del Santo a la Iglesia y participábamos de la misa, ahora llevan las imágenes en carrera y ya antes de las 12 están dentro para celebrar la misa y con no tantos feligreses como en aquellos tiempo.
¡¡¡Qué tiempos aquellos!!! Nunca pensé que a mis 50 años todo sería tan diferente. Hoy día, no hay respeto por la gente, ni consideración con los ancianos, el vocabulario que utiliza la juventud, en su mayoría, es soez y muestran indiferencia hacia todas estas tradiciones y costumbres.

De paso se ha generado una inseguridad enorme que no nos permite compartir como en esa época, ya esos momentos en muchas oportunidades se han convertido en zozobra y en tragedias para las familias de ¡¡¡MI PUEBLO!!! Las estadísticas de muertes, a causa de esta inseguridad que se manejan en Venezuela son impresionantes y nadie escapa de ello.

¿Qué pasa Venezuela? Luchemos por recuperar nuestros valores, nuestras costumbres, hagámoslo por nuestros hijos y por ¡¡¡MI PUEBLO!!!

DULCE MARÍA TOSTA |  EL UNIVERSAL
sábado 27 de junio de 2009  08:23 PM

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Fuente: http://www.eluniversal.com/opinion/090627/donde-quedo-nuestra-historia

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