Rosas // Dulce María Tosta

En la fresca tarde del 1° de diciembre de 1955, en la ciudad de Montgomery, Alabama, una modesta costurera de piel negra puso la primera piedra al monumento de los derechos civiles en Estados Unidos, cuando se negó a cumplir una ley que segregaba a los autobuses públicos, de manera tal que los afroamericanos debían apiñarse al fondo del vehículo y ceder el asiento al pasajero blanco que lo requiriera. Preguntada sobre las razones que la animaron a mantenerse sentada a pesar de la iracunda increpación del conductor para que dejara su asiento, contestó lacónicamente: «Estaba cansada de ceder».

Presa por alterar el «orden público», la comunidad negra asumió su «cansancio» e inicio un pacífico y contundente boicot a los buses públicos y durante 382 días ni un solo negro los abordó; iban y venían de sus trabajos a pie o en aventones, bajo sol inclemente o despiadada lluvia, aguantando ventiscas y agresiones, pero sin ceder un ápice en su afán de igualdad; a pesar de estos pesares se mantuvieron firmes hasta que el Tribunal Supremo de la Nación dictaminó que la segregación racial en el transporte era inconstitucional. Así, el hartazgo de una humilde costurera que decidió no permitir más abusos contra su condición humana, fue el primer paso de la gran marcha a Washington que clausurara Martin Luther King con su famoso discurso «Yo tengo un sueño».

El gesto de rebeldía de Rosa estuvo precedido por cuatro siglos de infamia. Entre los siglos XVI y XIX, doce millones de negros fueron desarraigados de su nativa África, trasladados a América como simples mercancías y sometidos a los más horrendos martirios hasta lograr de uno de ellos la frase que inició la esclavitud: «Si, amo», pues no es la cadena quien hace esclavo al hombre, sino la admisión de que otro tiene derecho a pensar y decidir por él, a tomar las riendas de su vida y trazar su destino. Por ello, «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.» (Miguel de Cervantes).

En 1999, comienza en Venezuela un proceso inverso al que iniciaran los valientes negros de Montgomery; mientras que allá pretendían hacer plena la Proclamación de Emancipación promulgada por Lincoln en 1863, aquí se echaban las bases para llevarnos al «mar de la felicidad» en el cual han naufragado los cubanos desde hace más de 57 años. El proceso ha sido gradual pero sostenido; la tuerca que abraza al tornillo de la esclavitud ha sido apretada de forma casi imperceptible. Cada día amanecemos un poquito menos libres, con las colas más largas y los bienes más escasos y, lo que es peor, con la esperanza disminuida y la resignación aumentada.

El régimen ha echado mano a finas argucias de psicología social: nos cambió la bandera y el escudo, la efigie de Bolívar, el nombre del cerro Ávila y pare de contar. El objeto es claro: generar desconcierto en la mente de todos, desarraigo de lo nuestro y disminución de la autoestima, pues saben que un hombre que se respete a sí mismo no acepta la condición de esclavo.

Las capta huellas en supermercados y farmacias a las que nos quieren acostumbrar, es la forma de recordarnos cada día de que tenemos amo; de que un poder irresistible se ha entronizado en Venezuela y que tienes solo dos caminos: la sumisión o el hambre.

Mientras el régimen continúa su pérfido plan destructivo de la obra de Simón Bolívar, la oposición oficial se encarga de enfriar la calle, de promover la sumisión, de vender un revocatorio que no nos llevará a ningún lado y dedesprestigiar todos los caminos hacia la libertad que otros proponen.

La Venezuela de los niños hambrientos, de los enfermos sin cura, de los jóvenes sin ilusiones, de los ancianos apocados y de la libertad perdida, requiere de muchas rosas parks «cansadas de ceder».

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@DulceMTostaR
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Comentarios   

0 #2 Mirna Clemente 15-06-2016 10:33
Excelente amiga, lamentablemente, si bien en Venezuela a disminuido el alfabetismo, no es menos cierto que la ignorancia a aumentado, actuando como una manada de borregos. Los 40 años de la 4ta. república, no nos enseñó a saber ser ciudadanos y los 17 de este desastre existencial menos, ante por el contrario es la antitisis de todo lo bueno que teníamos. Me gustaria que lo publicaras por facebook, creo que es una forma de educar para tener consciencia.
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+1 #1 Rosabel 04-05-2016 15:46
Amiga a mi ya se me agoto el "opinadero", estoy cansada y asqueada de tanta decidía y falta de honestidad por parte de la oposición, a veces logro sobreponerme, pero cada vez que veo la ineptitud del gobierno y de la oposición vuelvo a caer. Somos nosotros, el ciudadano de "a pie" los que tenemos que reaccionar y tomar la decisión de seguir siendo esclavos o ciudadanos libres, excelente tu articulo.
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