Hay fecha, pero nadie está contento. Eso es explicable porque el día de las elecciones primarias para escoger el candidato de la fuerza democrática se fijó a partir de las perspectivas de las 15 organizaciones que componen la Mesa de la Unidad Democrática. Y resulta que unas postulaban una campaña larga y otras, una más [...]

Hay fecha, pero nadie está contento. Eso es explicable porque el día de las elecciones primarias para escoger el candidato de la fuerza democrática se fijó a partir de las perspectivas de las 15 organizaciones que componen la Mesa de la Unidad Democrática. Y resulta que unas postulaban una campaña larga y otras, una más corta.

La decisión sería salomónica: el 12 de febrero de 2012. Esa fecha no abre las puertas a una campaña tan larga como la que empezaría en noviembre, ni tan corta como la que habría de iniciarse después de marzo, contemplada por quienes ven con preocupación la escasez de recursos económicos para financiar una puja larga, mucho más cuando deberá librarse frente a un gobierno acostumbrado al grosero dispendio de los recursos del Estado para su ventajismo.

No se ha valorado lo suficiente el impacto simbólico del 12 de febrero, día de la Juventud en Venezuela. Al pautar el evento democrático ese día, -en contraste con la candidatura del régimen, impuesta por el autócrata en su obsceno continuismo-, no sólo se enfatiza el carácter renovador de la unidad democrática, el relevo generacional que anuncia, sino que otorga nueva luz al febrero de Venezuela, abochornado de felonía, precursor de la tragedia que hoy nos abruma. Febrero dejará de ser la clarinada de los golpistas, la negación de la institucionalidad. La refundación del país comenzará con el rescate de febrero. Un febrero para la esperanza, para el patrimonio de la civilidad y el espíritu ciudadano del país.

En cualquier caso, hay mucho que hacer antes de las primarias. Si alguien opta por tomarse estos 10 meses (que nos distancian de febrero) para labor distinta a la de abonar por el encuentro, pues ya es cosa suya, pero no porque falten tareas en el sumo propósito de la reconstrucción nacional. Julio Borges, coordinador nacional de Primero Justicia, partido miembro de la MUD, ha replicado el anuncio de esa coalición recordando que PJ votó en contra de lo que terminaría estableciéndose porque, según él, los partidos democráticos estarían dedicando 10 meses para competir” entre ellos “y apenas 8 para ir contra el Gobierno”.

Si Borges y su partido pierden estos 10 meses buscando camorra es por irresponsabilidad. No porque no haya nada que hacer. Los precandidatos deben arrojarse ya mismo al encuentro con el electorado. Cada voto que consigan será su aporte al torrente que desalojará a Chávez del poder. Muchos precandidatos tienen una conexión con sus regiones, con la militancia de sus partidos, en fin, con sus públicos naturales, indispensables para el éxito de la candidatura unitaria.

Por otra parte, esa multitud de precandidaturas debe tender a la merma mediante consensos saludables (e indicadores de conexión con la realidad). No tiene sentido, por ejemplo, que la social democracia lleve 4 aspirantes a las primarias: Manuel Rosales, Pablo Pérez, Antonio Ledezma y Ramos Allup. Y que la democracia cristiana haga otro tanto, con Oswaldo Álvarez Paz, César Pérez Vivas, Eduardo Fernández y Henrique Salas Feo. A esto debe agregarse las postulaciones de Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López cuya inexplicable inhabilitación debe estar suspendida en unos meses.

Esa decantación tomará su tiempo. La política, cuando se hace desde la ribera democrática, es diálogo. Sin atropellos. La senda alterna es rapidita: el autoritarismo, la componenda, la imposición cogollérica.
El emplazamiento de las primarias el 12 de febrero no significa que el contacto con las comunidades esté pospuesto o supeditado a esa cita. No es cierto que no tengamos candidato, cada precandidato precede, representa y multiplica a quien será, finalmente, el abanderado presidencial.

Los precandidatos, todos los políticos comprometidos con el cambio, deben meter el hombro a la fase superior, que es la unidad nacional para inaugurar un nuevo destino para la república. No debe subestimarse el aporte que los precandidatos pueden sumar a ese proyecto. Cada uno puede –debe- recorrer el país como portador del supremo ideal de unidad y cambio. Al final, cuando uno de ellos sea comisionado por sus compatriotas para emprender la ruta hacia la presidencia de la República, cosechará el esfuerzo de sus compañeros. Eso es lo fundamental ahora. Ese es el servicio que debe prestársele al país. Lo merece. Lo está esperando

El Nacional, 17. 04. 2011

Escrito por: Milagros Socorro    Twitter: @MilagrosSocorro

Fuente:http://www.codigovenezuela.com/2011/04/opinion/milagros-socorro/ahora-febrero-es-de-todos

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