Podría ser el nombre de una serie de televisión en la cual, un jefe de Estado de un país cualquiera, ejerce ­en sus ratos libres­ de patrullero por las calles y autopistas de su país, que cuente, en cada capítulo, las aventuras con las que se topa y el asombro de los conductores abusadores que él intercepta y sanciona. Lo confesó él mismo en su programa: persigue a conductores imprudentes.

En fin, no hay que negar que resulta divertido imaginarse la situación: Un autobusero que va por plena autopista a exceso de velocidad y lo detiene el Presidente, en persona: “¡Párate a la derecha, pajarito mesmo!… Dame acá tu licencia y certificado… ¿éste eres tú?… No te pareces vale… ¿Ehhh?… ¡ay papá!, tienes el certificado médico vencido… Mira… ven acá. ¿Y cómo vamos a arreglar esto?” Sinceramente, como para darse a la fuga.

Según él mismo contó, iba rumbo a Maracay. Lo primero que a uno no le cabe en la cabeza es imaginarse al que te conté, rumbo a la Ciudad Jardín, por plena autopista y manejando él (¿cómo será él al volante?, si hasta a Monseñor Urosa, cuando maneja, le brota una fiera indomable).

Pero otra cosa: los que transitamos con frecuencia esa vía y conducimos por ella (sin escolta), sabemos que el trayecto Caracas-Maracay puede durar, fácil, unas cuatro o cinco horas, dependiendo de las circunstancias, que si uno va a Valencia debe salir el día antes; que a Maracaibo es mejor ir en barco, como se hacía cuando Gómez; que a Puerto La Cruz ya no se va.

Dígame la entrada a Caracas en la madrugada. A las cuatro de la mañana ya la cola está casi por Paracotos. Es más, si el golpe de febrero del 1992 se hubiese producido en las condiciones actuales de la autopista, nada habría sucedido y todo habría quedado en el olvido.

Imagínense la escena: Los batallones que venían por la autopista en un estacionamiento dentro del túnel de Los Ocumitos y Esteban trepado sobre un derrumbe en la Panamericana arengando: “Si la naturaleza se opone, ¡exprópiese!”. En fin, las vías de la historia tienen sus azares.

Los conductores que transitan por la ARC saben que la ley de tránsito allí se invirtió: dado el estado calamitoso de la vía, todos circulan por la vía rápida y se adelanta por la derecha (ya es norma) o por el hombrillo los más osados.

También saben qué vías recién asfaltadas ya tienen los huecos fiscales de la corrupción vial; que no hay iluminación ni ojos de gato en la noche, para medio orientarse; que hay postes doblados que llegan casi a mitad de vía, dispuestos como para que la gente se ensarte; que hay cráteres que, uno imagina, pueden haber acabado con más de una vida y encima, la emisora “Victoria vial”, que brindaba apoyo y orientación al conductor, fue limitada a una menor cobertura.

Así que, conductor que transitas, mosca pues, porque en cualquier recoveco de la autopista, detrás de un matorral, siempre alerta, puede estar “Patrullero uno”, para acabar con los apátridas del volante y los golpistas del acelerador.

Se pregunta uno: ¿Quién sanciona a los conductores de países imprudentes que llevan en sus manos la vida de 30 millones de pasajeros saltándose las leyes? ¿Quién a los que adelantan por el hombrillo del ventajismo electoral? ¿Quién a los que no se detienen nunca ante el semáforo en rojo de los preceptos constitucionales?

Escrito por: Laureano Márquez

Fuente: http://www.noticierodigital.com/2011/06/patrullero-uno/

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