El próximo paso es eliminar los diseños y colores de las marcas de cigarrillos

 
¿Tiene un fumador derechos? Es decir, alguien que porta un arma venenosa ambulante y la detona al azar, con cada bocanada, dentro de un área de expansión que incluye a mujeres y niños; un suicida aún más irresponsable que un terrorista, porque perpetra su crimen por el puro placer de mantener su vicio. ¿Puede tener esta persona derechos por realizar esta vil acción?

Puesto así, por supuesto que no. Pero, ¿es esta una visión objetiva del uso del tabaco? Desde hace poco en Venezuela es un delito permitir fumar en los lugares públicos, incluso al aire libre. Una regulación que ya se aplica hasta en lugares tan liberales y "fumones" como Nueva York o España. El próximo paso de esta tendencia es eliminar los diseños y colores de las marcas de cigarrillos.

En la paranoia antitabáquica hay mucho de doble moral y de ganas de mandonear al prójimo. El tabaco es sumamente perjudicial para la salud y no trae mayor beneficio que tranquilizar el estrés de quien se ha convertido adicto al tabaco. Pero satanizarlo, por ser la causa de tantos males que le endilgan quienes están sentados a un metro de distancia, ya es una absurda exageración en la que hemos caído como sociedad civilizada.

Siempre me preguntan que por qué ando defendiendo los derechos de los fumadores si yo ni fumo. Por el sencillo motivo de que hay que defender los derechos que nos parezcan justos. Esta irracional cruzada que nos ha llevado a que en un bar se prohíba fumar, sólo sirve para crear una sociedad más intolerante y un grupo marginal más discriminado.

Hay un solo motivo por el cual no se declarado ilegal, como la marihuana y otras drogas, porque los Estados ganan mucho dinero con los impuestos a la producción y consumo del tabaco. Pura moral, pero de la doble.  
 

JORGE SAYEGH |  EL UNIVERSAL
jueves 29 de septiembre de 2011  12:00 AM
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