Laureano Márquez
Tal Cual/ ND

4 Noviembre, 2011

El cinismo político es difícil de explicar y definir. Como concepto, se parece al amor en el sentido de que, más que entenderlo, uno lo siente y lo percibe. Uno sabe que está frente a una actitud cínica, porque ella genera como una corriente interna que brota del estómago y te lleva a un “¡qué bolas!” estructural.

La contemplación del cinismo hace que tú desconfíes de los sentidos y de ti mismo. Es cuando tú dices cosas como: “esta persona, precisamente, no puede estar diciendo esta vaina” y tú le miras a la cara a ver si está bromeando y notas que lo dice absolutamente en serio. Es allí cuando uno piensa: “soy yo, escuché mal, leí mal, vi mal”, y sobreviene la duda sensorial que se transforma en metódica.En algún momento comienzas a pensar: esto no está sucediendo, el país no existe y hasta la vida misma es un engaño, somos la pesadilla de algún dios.

Me ha pasado cuando he visto las declaraciones del que te conté en relación al tema electoral y de campaña.

Hace algunas semanas ya había dicho que él pensaba que los candidatos opositores en actividades de gobierno estaban descuidando sus funciones, porque andaban en campaña electoral.

Puede que sea verdad, pero dicho por quien lleva 12 años en campaña electoral día y noche, en cadena de radio y televisión, en pancartas y vallas en todos los estados, en todos los peajes, en todos los rincones, con fotos con todos los alcaldes, gobernadores, le hace a uno pensar: “está jodiendo… en cualquier momento suelta la carcajada” y no.

Esta misma semana, dijo varias cosas en ese mismo sentido: “Ellos están en campaña todos, gastando mucho dinero (…) ¿Cuánto cuesta toda esa propaganda por radio, prensa, televisión, las giras que hacen por el país y fuera del país?”… Sin comentarios, sólo “plop” como Condorito. Pero hay más, como dicen las televentas: “…No quiero pensar ni decir, porque no tengo pruebas, que están utilizando los recursos públicos”.

Sí, yo también como usted, lector, no doy crédito a mis sentidos, creo que efectivamente esto no lo dijo, no pudo haberlo dicho, no se puede llegar tan lejos. Yo no lo escuché, lo vi reseñado en la web… Tiene que ser una manipulación mediática, yo leí mal, copié mal, entendí mal.

El cinismo también puede ser una forma de autoengaño, de decir primero a los demás lo que no quieres que te digan. En ese sentido, puede ser muy revelador de eso que llaman la mala conciencia. El alma popular, sabia como es en estas percepciones, ha inmortalizado esta actitud en un refrán: “cachicamo diciéndole a morrocoy, conchúo”.

Fuente: http://www.noticierodigital.com/2011/11/cachicamo/

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