Al momento de garabatear en este pergamino electrónico todos los precandidatos de la oposición han anunciado su asistencia al debate convocado por los estudiantes de la UCAB, para mañana a las 8 de la noche.

Unos de grado y otros con empujoncitos, pero se va a dar. El debate no es para mostrar que hay unos hábiles con la palabra frente a otros tardos en su despliegue. El supuesto básico es que todos los que aspiran a la insólita y colosal tarea de gobernar a Venezuela tienen ideas y, hasta la fecha y que se sepa, no hay manera de expresar las ideas más que a través de la palabra, sea escrita u oral. Las ideas carecen de existencia fuera de su forma; no es cierto que haya una cosa que son ideas que rebotan como pelotas de anime en la cabeza y que existen fuera de su expresión verbal. Sólo hay ideas cuando se dicen.

Si algunos compatriotas excesivamente brillantes o excesivamente inmodestos (o las dos cosas) se proponen para la minucia de dirigir el país, lo menos que sus electores pueden exigir es saber a dónde quieren llevar la nación cuyo respaldo solicitan.

Por fortuna no prosperó la maniobra de aplazar los debates hasta enero, como se cocinaba en algún cogollo, lo cual habría impedido conocer el arsenal intelectual de los aspirantes. No es cierto que baste ser esforzado operario para ser presidente de Venezuela; sí, hay que ser afanoso y dedicado trabajador, pero también hay que tener pertrechos para lidiar con lo que viene. No se trata de una competencia entre académicos sino entre líderes; y los líderes reales tienen y proponen rumbos.

ENCUESTAS EN TRES ACTOS. Acto Nº 1: En 2009 y 2010 la encuestadora proclama a los cuatro vientos que Chávez puede perder y que el opositor puede ganar; claro, también puede ser lo contrario; igualmente puede ser lo diagonal. El opositor, vivificado por el aire fresco que le trae la encuestadora, se anima y despliega su estrategia electoral sin nada que la perturbe. ¿Marchas? ¿Manifestaciones? ¿Protesta social? No, por favor. Nada que desordene el recorrido a la victoria predicha por la encuestadora.

Acto Nº 2: El opositor, ahora confiado, legitima a la encuestadora como tótem sin saber que la empresa masca a dos carrillos, tanto del banquero rojo como del confiado disidente; la encuestadora se convierte en el Oráculo de la Cortada del Guayabo cuya palabra, desde ese momento, tiraniza y se convierte en mandato para el opositor.

Acto Nº 3: noviembre de 2011, la encuestadora ha descubierto que Chávez es imbatible, que es un líder descomunal y nunca visto, que es difícil que el opositor gane; en estas condiciones, al haber ensalzado el papel predictivo de la encuestadora ya el opositor queda amarrado a sus predicciones, por tanto es natural que si hace un año el opositor era mayoría y ahora es minoría, no pueda ni chistar. No debe obviarse el papelón que significa para algunos estar contratado por "amigos" del Gobierno y por "amigos" de la oposición, sin que se sepa quién financia ni se admitan auditorías independientes sobre las empresas.

SIN PENA PERO CON DOLORES. A estas alturas quienes sean mis lectores saben que viejos afectos se entrecruzan, lo cual incluye a Dolores, la portentosa miliciana de este proceso, quien con su andar de espectáculo, piernas largas y labios de beso demorado, muestra a cada instante su pánico ante lo que, según cree, se avecina. Me aborda en el café de Los Palos Grandes sin previa cita, por lo cual supongo que su pequeña y leal corte de esbirros me tiene localizado.

Dice, sin anestesia, que ha tomado fuerza en el entorno íntimo la idea de reformar el artículo 233 de la Constitución para que no haya elecciones en caso de fallecimiento del presidente antes de cumplir los primeros cuatro años de su período. El propósito es que quien sea designado vicepresidente siga en el cargo hasta el final.

Le muestro mi incredulidad ante tales desvaríos. Me mira a los ojos con ojos voraces con los que igual hacía la revolución que asaltaba un banco y me encaja:

-Solo Miguel Salazar lo ha dicho, pero el diseño para el relevo es la hija...

Me atraganto porque creía que eran fantasías. Dolores espera, con su cigarrillo enhiesto, que se remonte mi palidez y prosigue:

-La decisión es que la estirpe de Maisanta se mantenga, es lo único que puede mantener lealtades ante la tempestad que se avecina.

-Supongo que te parecerá como a mí, una locura-, digo. Pero, para mi sorpresa me apunta que esta vez cree que es una decisión sensata de su venerado, entristecido e hinchado líder.

La muy púdica observa con picardía mi desazón para decirme que hay más:

-La Fiscal está a punto de renunciar, el martes salió para Cuba a tratarse una dolencia que le fue diagnosticada aquí. Las preocupaciones le han acelerado el mal, quiere separarse de esto, me imagino que estará viendo el hundimiento de La Atlántida.

Le comento que yo no creo que quiera huir. Si alguien quemó las naves es ella. Además se ha convertido en una máquina de odio, como lo testifican los presos políticos. Pero, cavilo, quién sabe lo que se siente cuando el salón de la casa se inunda y lo que se ve por la ventana es una ola de 50 metros de altura...

Dolores me asegura que se dio una vuelta por el Ipsfa de Los Próceres y encontró un ambiente desprejuiciado, los oficiales hablan del deterioro físico del aquejado.

-Me acerqué a la Academia y advertí que los superiores ya lo comentan oficialmente con sus subalternos... se preguntan qué pasará si se incapacita o muere. Para que sus preocupaciones no empañen su lealtad, se ven obligados a exhibirla... han recibido órdenes de colocar gigantografías del Jefe, sano, con su pelo negro, saludando militarmente pero con la izquierda... ¡pa´lante Comandante!

Se le nublan los ojos a Dolores. No puede remediarlo. Ha pasado demasiados años de su vida en procura de una revolución que, cuando llega, la arrastra hacia un vacío que no se imaginó. Vislumbraba a su héroe caer en una hazaña en, por ejemplo, La Guaira en batalla contra los "marines" en su desembarco, pero nunca bajo la maldad de unas células enloquecidas que en su inanidad microscópica se ensañan contra sus sueños de antes y sus pesadillas de ahora...

-¿Tú nunca has ido a El Rastro en Madrid?

-Una vez ¿Por qué?

-Eres demasiado inocente. Apuéstale a un gitano bajo qué chapita de refresco está la pelotica de papel que has visto, con tus propios ojos, colocar. Y aunque sepas dónde está, habrá desaparecido y perderás; nunca le ganarás a un gitano.

-¿Y?

-El gitano de esta historia organiza las elecciones; no se lo podrás probar nunca, pero jamás conseguirás la pelotica de papel bajo la chapa en la que presenciaste a Tibisay ponerla.

Dolores está muy segura pero creo que vacila porque sabe que ese polvillo en los costados de la inmensa montaña anuncia el derrumbe.

Escrito por: Carlos Blanco
www.tiempodepalabra.com
Twitter @carlosblancog

Fuente: http://noticiasyaracuy.com/noticiasyaracuy/noticiaunica.php?id=6509

 

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