Chávez tenía 3 años, 5 meses y 26 días de edad el 23 de Enero de 1958.

Para esa fecha nada sabía de política ni de vida militar ni de los sufrimientos de los venezolanos ocasionados por los 10 años de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

Nada sabia de los exiliados ni de los mártires de la resistencia, muertos en los campos de concentración de Guasina y Sacupana.

Ni de los mártires inmolados en ese histórico día de lucha para rescatar la democracia de nuestro país.

Ni de la manifestación de todo un pueblo en la calle que gritaba: abajo la dictadura, con la firme determinación de lograr la libertad.

Ese día, mientras se desangraban en las calles los estudiantes, los campesinos y el pueblo en general, en lucha a muerte por el derecho a ser libres, a lo mejor, Chávez jugaba metras o pelota o gurrufío o exigía a los familiares calmar sus berrinches infantiles.

Por eso, creo que Chávez piensa que el grito de abajo la dictadura del 23 de Enero de 1958 es un cuento más de la gente de la tercera edad, sin dramas dolorosos, y que el pueblo venezolano es una raza de tontos, incapaz de repetir esa historia basados en su condición de gente pacífica, con inagotable disposición de aceptar cualquier cosa, desde su política represiva de la disidencia, la violación de la Constitución, la corrupción, el deterioro de la calidad de vida, hasta la destrucción de la democracia con la imposición del fracasado comunismo-cubano.

De esta manera, se equivoca Chávez al olvidar la genética y la dignidad del pueblo venezolano en defensa de su libertad, puestas de manifiesto en la lucha de nuestros Libertadores por lograr la independencia, y en la lucha contra las dictaduras de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, por defender su vocación natural de vivir en democracia.

Y se equivoca también al olvidar que el pueblo venezolano tiene un límite de tolerancia. Y que hoy está harto de su gobierno ineficiente, del despilfarro de las riquezas del país, del racionamiento de la electricidad, de la inseguridad, de sus discursos verborreicos y ofensivos, de la pésima imagen internacional de Venezuela, del secuestro de la libertad y del atraso. Y que nos tiene como olla de agua hirviendo

O sea, 54 años después del 23 de Enero y a 13 años de este desmadre de desgobierno chavista, ese mismo pueblo venezolano está a punto de volver a gritar: abajo la dictadura. Para rescatar nuevamente la democracia y el derecho a ser libres, secuestrados por un régimen que tiene como estrategia política fundamental la implantación de un proceso político que, a final de cuentas, ha resultado ser una robolución con la mayor suma de infelicidad posible.

Pero no es la misma generación del 23 de Enero de 1958. Ni son los mismos estudiantes, campesinos o militares. Son sus hijos y sus nietos con la misma sangre y la misma dignidad para defender los ideales de la patria, en honor a nuestros antepasados que sacrificaron todo para entregarnos la herencia de vivir en una Venezuela libre.

Y faltando 10 días para el 23 de Enero, recordamos a nuestros mártires de la libertad. Y las palabras de Simón Bolívar: huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes; es un país de esclavos, y las de José Martí: vale más un minuto de pie que una vida de rodillas.

Pero falta poco para el comienzo del rescate constitucional de la libertad y de la democracia, con las primarias de la Unidad Democrática.

Que así sea.

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