A María Corina, la dama de hierro...

I

El Presidente está reunido con su gabinete en sesión extraordinaria: ­Señores ministros, la única forma de acabar con la pobreza que hunde a nuestro país, es quitarles a los ricos el dinero y las propiedades que tienen para dárselas a los pobres
Estamos de acuerdo, señor Presidente ­respondieron los miembros del gabinete en medio de aplausos­, nos quitamos el disfraz de foca y saldremos vestidos de verde a buscar a los ricos para quitarles todo y entregárselo a los pobres. ¡Lo acompañaremos en la Misión Robin Hood!
 
II

El Presidente y sus ministros llegan a un estacionamiento en el centro de Caracas. Todos visten de verde. Todos traen puesto un gorrito con plumita.
Llevan en sus manos arcos y flechas. En el interior del estacionamiento, el dueño compartía con su familia. Hacían cosas de ricos: él, el esposo rico, usaba una braga y estacionaba carros. Ella, la esposa rica, preparaba un pabellón criollo para sus hijos ricos, que hacían la tarea y veían la televisión.
¡Soy Robin Hood! ­gritó sorpresivamente el Presidente a la familia del esposo rico­. ¡Este dinero, estos repuestos, estas herramientas y la computadora, quedan confiscadas en nombre del Gobierno para dárselo todo a los pobres!
Fue así como el Presidente y sus ministros fueron de estacionamiento en estacionamiento y de rico en rico. Cuando se acabaron los estacionamientos y los ricos, comenzaron a buscar a los menos ricos: a los propietarios de pequeñas fábricas de Catia, y a los de humildes talleres mecánicos.
¡Soy Robin Hood, les quito a los ricos y les doy a los pobres! ­Pero señor ­dijo un mecánico­, ¡yo no soy rico! ­¿Que no es rico? ¿Cómo que no es rico? ¿Y este taller? ¡Usted es un capitalista, mire todo lo que tiene! ¡Ajá!, ¡hasta es dueño de un carro! ¿Y ese gato hidráulico?… ¡Ah, no! ¡Vamos! ¡Manos arriba! ¡Soy Robin Hood, les quito a los ricos y les doy a los pobres!
 
III

Un año después, el Presidente y su gabinete habían acabado con los estacionamientos, con las pequeñas fábricas y los pequeños negocios de la ciudad.
 
IV

Señor Presidente ­dijo cabizbajo por el miedo el ministro de Finanzas­, perdone, yo sé que nosotros somos Robin Hood, pero ya les quitamos todo a los ricos y no les hemos dado nada a los pobres. Propongo que busquemos al más pobre de todos los pobres y que le demos dinero y un apartamento.
¡Vamos a ser Robin Hood de verdad!
 
V

Frente a una iglesia, una viejita ciega y haraposa pedía limosna. Ella era la más pobre de todos los pobres. De una lujosa camioneta descendieron el Presidente y sus ministros. Uno de ellos traía una maleta llena de dinero y el título de propiedad de un apartamento en Casalta II que, hasta hace muy poco, había pertenecido a un rico.
¡Tome señora, soy Robin Hood! ­dijo el Presidente.
La anciana tanteó lo que había en el interior del maletín.
No… no puede ser. ¡Soy rica! ¡Soy rica! ­gritaba eufórica la viejita ciega­. ¡Soy rica…! ¡Por fin, soy rica, Dios mío…! ¡Tengo todo lo que había soñado! ¡Soy muy rica…! ¡Gracias, comandante presidente! ­ ¿ Así es la cosa?, ¿o sea que usted es rica? ­¡Manos arriba, señora! ­gritó el Presidente­. ¡Soy Robin Hood, les quito a los ricos y se lo doy a los pobres!
 
Escrito por: Claudio Nazoa
Expropiar es robar (Claudio Nazoa. El Nacional. 06.02.2012)
 
Por fin había llegado la igualdad socialista-comunista: ¡todos estaban arruinados!

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