El miedo no lo deja dormir. Lo peor que le puede pasar a un megalómano crónico es sentir cómo se erosiona su base de sustentación. Las estatuas imaginarias se deslizan impunemente hacia el fango de la historia. Sus colegas del continente chupan la ubre petrolera y se marchan rápidamente para no hacerse copartícipes de sus enredos mentales, lo prefieren a kilómetros para no salir salpicados para cuando vaga por las nebulosas. Sus últimas intervenciones televisivas en donde agrede de manera inmisericorde al candidato de la unidad nacional y futuro presidente Henrique Capriles Radonski, dejan ver a un hombre profundamente perturbado que trata infructuosamente de dibujar variables que solo existen en sus telarañas, nada que mostrar más allá de la agresión verbal y el miedo a perder el poder. Un maremoto político mueve sus pies y lo induce a sufrir de insomnio; los aduladores se evaporan al sospechar que el idílico paraíso de triquiñuelas se desparrama de manera dramática, las otrora enormes concentraciones hoy solo son convocatorias mediocres que van a la par con los discursos decadentes del paciente oncológico.

Vuelve el frío a incomodar los intestinos, esa sensación de ronroneo que busca salidas mientras los ánimos aturden los sentidos, comienza la huida hacia la paranoia, ocultarse como cuando era un anodino soldado miedoso que deshonró el uniforme para darle cuerpo a la sedición; su actitud visceral lo hizo formar parte de una camarilla que traicionó los principios democráticos, abjurando en contra de una Constitución a la cual se comprometieron en defender. Subrepticio tras la sombra de sus temores escuchó los disparos en donde jóvenes engañados liquidaban a sus compañeros inducidos por mentes perturbadas. Después, ante la vista de todos, se rindió sin el mayor honor. Allí comenzaba esta tétrica historia que ha significado un terrible retroceso para nuestra nación. Como hijo de la manipulación, todos los años nos presenta una nueva versión de los hechos en donde él se convierte en el ser supremo. Los demás no existen en el universo de su mentira, fue tal la magnitud de su megalomanía que mientras Francisco Arias Cárdenas se disfrazó de opositor y hasta lo llamó "gallina", este lo expulsó de la historia oficial. Ahora, como vuelven a andar juntos, Francisco Arias Cárdenas recibe algún reconocimiento en la fábula encantada del 4 de febrero. Ese día debería ser recordado como una fecha luctuosa, en donde se mancilló el honor de un país que formó a unos individuos que después se transformaron en sus abominables encarecedores. Los hijos malvados que se levantaron para agredir al padre que les dio la vida.

La unidad democrática sacudió su psiquis. Ya no impone la agenda de la república, trata de manipular con sus fastidiosas cadenas. Ellas solo demuestran el gran miedo que siente al saberse un claro derrotado en los comicios del 7 de octubre. Por mucho que trate de arrinconar a los venezolanos, comprende perfectamente que no tiene escapatoria, debemos prepararnos para sentir los peores atropellos; la mayor suma de agresiones contra la honorabilidad de nuestros dirigentes, sin embargo, semejantes malos ratos los soportaremos por lo grande que viene al darle punto final a esta pesadilla. Restituiremos la democracia con todas sus potencialidades, los ciudadanos creemos en una Venezuela plural y de crecimiento económico en libertad, que impulsará con toda seguridad al próximo presidente Henrique Capriles Radonski. Chávez, no desmayemos en el empeño de construir, entre todos, la Venezuela del progreso.

ALEXANDER CAMBERO| EL UNIVERSAL
miércoles 22 de febrero de 2012 06:04 PM
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