Franklin Piccone Sanabria
ND

9 Marzo, 2012

El país entero siguió por prensa y por televisión las invasiones de terrenos y espacios urbanos que tenían como protagonistas ciudadanos que reclamaban el derecho a una vivienda digna, tal y como lo establece la constitución en el artículo 82.

Estas acciones, ocurridas hace ya varios días, se suman a otras como parte de una práctica establecida al amparo del discurso oficial. Así, bajo este derecho negado por incumplimiento del propio Estado, ciertos grupos han oficializado estas conductas perversas en la que se busca saldar una injusticia social provocando otra.

Como se sabe, a partir de 1950, producto del cambio efectuado de la economía agraria a la economía petrolera, el crecimiento demográfico en el país alcanzó sus mayores cifras. Factores como el aumento de la natalidad, la disminución de la mortalidad y la inmigración (de un 84% de la población que vivía en el campo para 1920, pasamos a principios del siglo XXI a una población rural que no supera el 15%), agravaron la adquisición y construcción de viviendas en las ciudades.

La incapacidad de satisfacer la demanda creciente y sostenida de los años se hizo manifiesta. Surgieron así, en búsqueda de mayores oportunidades, los cinturones de miseria alrededor de las principales ciudades. Cierto es que, los gobiernos, incluido el actual, en una suerte de populismo clientelar alentaron su expansión.

¿Qué hacer?, lo sensato parece indicar que se debe incorporar los asentamientos no regulados o informales al disfrute de la ciudad formal y planificada. Ello pasa por mejorar la infraestructura, la vialidad y la calidad de vida de los sectores populares. La idea es llevar la ciudad al barrio. Experiencias de este tipo ya han sido probadas en Latinoamérica. Amén del respaldo de una política habitacional sostenida en el tiempo con criterios de eficacia y eficiencia.

¿Qué propone el gobierno? El regreso al estado de naturaleza, normado por la fuerza y el deseo de cada persona para obtener una vivienda, tal y como lo describió Hobbes. Las invasiones ocurren en sectores populares, entre vecinos de un mismo sector. Los vecinos de Guaicoco y la Dolorita (ambos del municipio Sucre) han rechazado las acciones perpetradas por ocupantes ilegales del mismo municipio. La población sabe que estas prácticas no solucionan el problema estructural de la vivienda ni que los invasores ilegítimos sean precisamente lo más necesitados; como también conoce de memoria la treta desgastada de buscar culpables para expiar las propias faltas.

Luego de evaluar los resultados de 13 años de gestión, queda claro que la contradicción política no es entre ricos y pobres, como lo sugiere el gobierno; sí entre eficiencia y fracaso, entre consenso y arbitrariedad, entre planificación y caos, entre progreso y estancamiento. Definitivamente, entre futuro y pasado.

Fuente:http://www.noticierodigital.com/2012/03/invasiones-%c2%bflucha-de-clases-o-lucha-entre-eficiencia-y-fracaso/#more-81694

Volver

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar