Laureano Márquez
 

17 Agosto, 2012

En esta campaña se ha repe-tido, casi hasta el cansancio, que la clase media venezolana sabe que le conviene eso que llaman el continuismo, aunque más bien va rumbo a la eternización. Uno, que ya conoce al personaje, sabe por donde viene el mensaje: “ustedes saben que en medio de este festival desordenado de petrodólares pueden seguir sacando provecho. Tendrán sus dólares seguros para viajar, sus cinco mil anuales en la cuenta de afuera y además la posibilidad de acceder al negocio más rentable del planeta tierra capitalista con los bonos petroleros, amén de cuanta turbulencia corrupta puedan conseguir con sus habilidades, contactos e ingenio.

Aunque todas estas cosas van en contra del progreso económico del país, ustedes saben que pueden sacar provecho de ello. Saben también que si su candidato gana tendrá necesariamente que poner orden en este desastre, lo cual significará para ustedes que perderán beneficios”. Eso es lo que está detrás del titular, cuando se afirma que a los empresarios también les conviene que el saliente vuelva a ser entrante.

Efectivamente mucha gente saca provecho de lo que sucede (y en ello si que no funciona la lista Tascón). La famosa frase de: “mi corazón es escuálido, pero mi bolsillo chavista”, se volvió moda. Como negocio capitalista este gobierno es excelente, creo que en nuestra historia no se ha visto nada mejor para el enriquecimiento fácil y sin esfuerzo y esto ya es mucho decir. Pero la diferencia entre un país de verdad y uno de caricatura es cuando los ciudadanos saben distinguir exactamente entre lo que les conviene a ellos y lo que le conviene a su nación y muchas veces son capaces de poner lo segundo por encima de lo primero. Un empresario inglés, por citar la cuna del capitalismo más brutal, nunca podría entender que su progreso pasa por la destrucción de su economía, porque él no puede progresar si su país no lo hace.

La palabra “idiota” tiene una etimología curiosa, aunque su común utilización actual como insulto la olvide. Viene de la voz griega “idiótes”. En la raíz de la palabra tenemos “ídios”, que para lo griegos era lo privado, lo personal. Para no ir más lejos, “idioma” es el lenguaje privado de una comunidad; “idiosincracia” el temperamento particular. Los griegos pensaban que no había cosa más deshonrosa para un ciudadano que ocuparse de sus asuntos privados y colocarlos por encima de los públicos. Les parecía tan despreciable esta actitud egoísta, que usaban el término “idiota”, para referirse a las personas que incurrían en ella.

Por mucho que este gobierno nos beneficie en lo privado, no le conviene a nuestra patria. Cuando se nos advierte que este gobierno nos conviene, no se nos miente, quizá es una de las pocas verdades que se han dicho en los últimos tiempos. Sin embargo, el gran debate de este momento no son nuestros asuntos privados, sino el destino nacional. La gran pregunta que los antiguos griegos nos harían, desde el fondo de la historia, es si el próximo 7-O vamos a comportarnos como ciudadanos o como unos auténticos idiotas.

Fuente: http://www.noticierodigital.com/2012/08/110661/

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