De las 49 definiciones que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española para la palabra “cola”, ninguna se acerca a explicar lo que significa para un caraqueño este simple y aparentemente inofensivo sustantivo de dos sílabas. El diccionario ofrece “tránsito” y lo define como: “Actividad de personas y vehículos que pasan por una calle, una carretera, etc”…  Cuando uno está un viernes de quincena a las 6.15 de la tarde atrapado en la autopista, lleva una hora metido en el carro y sabe que le faltan dos horas más, no se le ocurría decir que eso es “actividad de vehículos que pasan por una calle”… no señores, eso es más bien parecido a la quinta paila del infierno.
  El sinnúmero de razones que pueden explicar una cola resulta absurdo, y la manera como aceptamos estas explicaciones con total naturalidad, más absurdo todavía… Si no es una gandola que se voltea en la Caracas-Guarenas es un derrumbe en la Panamericana, si no, cualquier razón es buena para que un grupo que se está quejando por algo tranque la autopista… nunca falta el pobre infeliz que se llevó una moto y ahora tiene una nube de motorizados viéndolo feo, y por supuesto, haciendo cola… a las alcaldías se les antoja asfaltar en los momento más brillantes y oportunos, como una vez que pasé 2h en cola porque estaban rastrillando la Rio de Janeiro a las 4 de la tarde. La excusa predilecta de esta temporada son las lluvias, ¡LAS LLUVIAS! Por Dios, que esperanza, en este país llueve seis meses al año TODOS LOS AÑOS, se llama trópico, bienvenidos (por si no se habían dado cuenta los ingenieros viales o quien sea que tenga que encargarse de eso).
  La cola es nuestro pan de cada día… estoy convencida de que esa es parte de la razón por la que los venezolanos somos tan impuntuales; de qué sirve ser estricto con los horarios, si todos sabemos que el tiempo que uno puede tardar en desplazarse en esta ciudad depende muy poco de uno y mucho de los antojos y vicisitudes de la imprevisible cola. Cada quien se ha ido ingeniando su manera de lidiar con la cola… cantar, jugar al abecedario, hacer un sudoku (nueva moda incomprensible para mí)…. Si no vas manejando, es un buen momento para dormir un ratico más. En fin, es algo con lo que hay que vivir. Pero la cola no se limita a la sucesión infinita de carros que convierten un trayecto de escasos kilómetros en un periplo de varias horas. La cola caraqueña tiene una fauna muy particular, que es lo que hace la diferencia entre una tranca caraqueña y una tranca en cualquier otro lugar del mundo.
  Los gandoleros, camioneros y afines: Los odio a morir. Como son más grandes que todos los demás se atraviesan sin piedad, se cruzan cuatro canales y son los primeros en meterse por el hombrillo, inutilizando por completo tanto el hombrillo como el canal de al lado. Además tienen la mala costumbre de ir a 50000 por hora en la madrugada y por eso se la pasan volteándose en la Caracas-Guarenas. Para rematar, se la pasan lanzando besos y eso es asqueroso.
  Los autobuseros, metrobuses y por puesto: sólo se salvan de la categoría anterior porque me divierto leyendo las cosas locas que dicen en la parte de atrás.
   Los buhoneros: Los buhoneros son la encarnación misma de la viveza criolla. Su capacidad para cambiar de mercancía dependiendo de la demanda actual de los consumidores es impresionante… en la mañana tienen café, en la tarde “tostitos tuberculosos”, para los hombres tienen la porno de Chiqui y “el malandro cagao”, para las mujeres un paraguas que cabe en la cartera y un espejito con luz; tienen el libro de Ibeyise Pacheco y cargadores de blackberry…. Y todo lo cargan de manera que les permita salir corriendo en lo que vean que se acerca una patrulla.
  Los motorizados, mototaxistas, motociclistas y todo lo que ande en dos ruedas: A diferencia de la mayoría de los conductores de Caracas, no tengo mayor problema con este grupo EXCEPTO cuando van con la corneta pegada como diciendo “aquí vengo yo”, cuando te dan en el retrovisor, cuando vienen en  dirección contraria pegaditos al otro canal como si ellos no ocuparan espacio y cuando crees que te van a atracar. De resto, no problem.
  Los conductores comunes y corrientes: este es mi género favorito porque hay una gran diversidad y a veces cuando estoy aburrida en la cola me pongo a ver las cosas que hace la gente y son muy cómicas.
  Entre los conductores comunes y corrientes encontramos: la mamá que se está maquillando, regañando los chamitos que están peleando y haciendo cita en la peluquería a la vez; el que va bailando tripeándose su cosa o muerto de la risa oyendo algo en la radio, la pareja peleando, el/la imbécil que toca corneta como loco/a como si uno pudiera hacer algo al respecto, el pana que se va a quedar dormido en cualquier momento,  el que está hablando solo (en esta época lo más probable es que esté hablando por bluetooth, pero es más divertido pensar que está hablando solo), la metropava que va en un carrote con unos lentesotes con la ventana abajo y blackberry en mano para que todo el mundo la vea (ahí es cuando uno piensa: por eso es que la roban), el que le tira el carro a todo el mundo y se la pasa mentando madre y la chamita a la que le da miedo tirar el carro y usualmente queda atravesada cambiándose de canal porque le da medio miedo hacerlo (yo).
  Nota: los imbéciles con “machitos tuneadas”, mataburros inmensos, cauchos de 2mts de alto y cualquier otro periquito que haga ver al carro más enorme entran en la misma categoría de los gandoleros y no se salvan por tener calcomanías malpavitas.

tranquilo que de que llegas, llegas....

Escrito por: Cristina Ciordia
Fuente:http://vivirenccs.blogspot.com/2011/05/la-cola-y-sus-personajes-motorizados.html

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