Esperamos que el verbo encendido de ahora no termine costándonos mucho más de lo que habríamos podido lograr mediante una racional y diplomática negociación entre las partes.

Analítica

Miércoles 8 de julio de 2015, 12:03 am

Los problemas fronterizos de Venezuela no se resuelven con discursos altisonantes. Se requiere no solo de un análisis histórico de los agravios de los cuales hemos podido ser víctimas -la mayor parte de las veces, por nuestra propia negligencia-, sino también de un conocimiento preciso del derecho internacional y del contexto internacional en el que se pueden lograr resultados favorables para las aspiraciones de nuestro país.

Son muchos los casos recientes de delimitación de áreas marinas y submarinas, y algo menos los de fronteras terrestres, que han exacerbado el tono nacionalista en la disputa para determinar los límites de las respectivas jurisdicciones. Y más allá de la encendida retórica, la solución a los reclamos ha terminado, casi siempre, en manos de terceros. Así fue el caso del canal del Beagle entre Argentina y Chile que se resolvió mediante la mediación papal. La agria disputa entre Chile y Perú que terminó en manos de la Corte Internacional de Justicia, al igual que la que enfrentaba a Colombia y Nicaragua. Incluso Guyana y Surinam tuvieron que recurrir a un arbitraje internacional.

En el caso nuestro, y visto nuestra mala experiencia histórica en materia de arbitrajes internacionales, salvo el caso favorable de Isla de Aves, la solución ideal tendría que ser por la vía de la negociación como con tanto éxito lo logró Isidro Morales Paul, al delimitar las áreas marinas y submarinas con las Antillas Neerlandesas, República Dominicana, EEUU, Francia y Trinidad y Tobago.

De la retórica altisonante la experiencia indica que no quedan buenos resultados, como por ejemplo las bravuconadas de Cipriano Castro, que terminaron costándole a Venezuela tres veces más que la deuda original con las potencias europeas.

Esperamos que el verbo encendido de ahora no termine costándonos mucho más de lo que habríamos podido lograr mediante una racional y diplomática negociación entre las partes.

Fuente: http://analitica.com/opinion/el-esequibo-no-se-recupera-con-discursos/#.VZ0N8Yaw-rc.twitter

 

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