Politeia
versión impresa ISSN 0303-9757
Politeia v.29 n.37 Caracas jun. 2006

Arturo Uslar Pietri: la imposibilidad de la política

Arturo Uslar Pietri: The impossible nature of politics


Carlos Romero


Resumen

El propósito de este ensayo es el de analizar la relación de Arturo Uslar Pietri con la política venezolana. Con base en el estudio de tres “momentos” en la actuación política de AUP: el Gobierno de Medina, su candidatura presidencial en 1963 y su crítica al gobierno de CAP II, se aspira a respaldar la conjetura de que AUP, al igual que otros venezolanos de su tiempo, no pudieron resolver el dilema que se les presentó de iniciar un proceso liberal venezolano o de pactar con los partidos reformistas en el marco del populismo rentista venezolano. Se trata de comprender a AUP en su imposibilidad de desarrollar plenamente un discurso que abriera paso a un movimiento político diferente a la socialdemocracia, el socialcristianismo y el marxismo venezolanos.

Palabras clave: Uslar Pietri; Venezuela; Historia; Política; Elecciones

Abstract

The purpose of this essay is to analyze Arturo Uslar Pietri’s relationship with Venezuelan politics. Based on three «moments in time» of AUP’s involvement in politics –Medina’s presidential term, his own running for office in 1963 and his criticism of the government of CAP’s second tenure– this essay intends to support the belief that AUP, just like other Venezuelans of his time, could not solve the dilemma of launching an independent liberal process or reaching consensus with reform-seeking parties within the framework of Venezuelan populism. An understanding of AUP’s impossibility of fully developing a discourse leading to a political movement different from social-democracy, social-Christianism or Venezuelan Marxism is the central focus.

Key words: Uslar Pietri; Venezuela; History; Politics; Elections

Recibido: 11-05-2006   Aprobado: 26-06-2006

 

INTRODUCCIÓN

    Arturo Uslar Pietri fue una de las figuras de mayor relevancia en el acontecer nacional del siglo XX venezolano. En cada uno de los momentos estelares de nuestra historia contemporánea, surge su nombre y su legado, que en su caso tiene múltiples manifestaciones.

    Como hombre de su tiempo, Uslar Pietri no se limitó a manejar el conocimiento literario, sino más bien tuvo otras facetas importantes, entre las que se cuentan la de historiador, publicista, abogado y político.

    En su labor como dirigente político, como parlamentario y como ensayista, nuestro autor demostró un compromiso con sus ideas y las exigencias del momento. Pero es ese plano el que presenta mayores contradicciones.

    El estudio de la personalidad de Uslar Pietri presenta dos obstáculos. En primer lugar, por ser una figura importante, el tratamiento que se le hace a todas las dimensiones de su labor es, por lo general, de escaso perfil crítico. Y en segundo lugar, en referencia a su dimensión política, además del acriticismo mencionado, se escurre la posibilidad de analizar lo que nosotros consideramos es un espacio en donde él encontró enormes obstáculos.

    Con base en estas consideraciones, este trabajo se propone estudiar su labor política de acuerdo con una conjetura central: que Arturo Uslar Pietri no logró desarrollar sus ideas sobre el poder con plenitud y que no pudo finalmente concretar su proyecto político. De hecho, considero importante señalar que nuestro personaje tuvo una relación traumática con el poder. De ahí el título de este ensayo.

    Arturo Uslar Pietri nació en Caracas en el año 1906. Desde joven se vinculó indirectamente a la estructura de poder gomecista y sirvió en esa época en el cuerpo diplomático venezolano. A la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, incursionó en la política de salón de la época, destacándose en el periodismo. Fue nombrado ministro de Educación del gobierno transitorio encabezado por Eleazar López Contreras y luego figuró como personaje relevante del régimen semidemocrático de Isaías Medina Angarita, en su condición de ministro y hombre de especial influencia y relieve del partido de gobierno, el PDV. A la caída del presidente Medina Angarita el año 1945, derrocado por un golpe de Estado, Uslar Pietri conoció la cárcel y el destierro y más tarde durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se mantuvo al margen de la política activa hasta el año 1958. En ese año de restauración democrática, Uslar aceptó ir de candidato independiente a senador en las listas del partido Unión Republicana Democrática (URD). Fue electo y desde entonces se proyectó nuevamente como una importante figura política, al punto que se convierte en candidato presidencial para las elecciones del año 1963. Uslar Pietri llegó de cuarto en la contienda con 16,08 % de los votos; luego reagrupó su fuerza electoral, fundando el partido Frente Nacional Democrático (FND) el año 1964 y es electo senador de la República por dos períodos más, retirándose del Parlamento el año 1973. La combinación de su labor política con la labor periodística y literaria lo convirtió en un punto de referencia nacional.

    En el año 1974 Uslar aceptó ser Embajador de Venezuela en la Unesco y a su regreso en 1977 se convirtió en un ácido cuestionador de la gestión democrática y del Pacto de Punto Fijo, crítica que al final de sus días se tornó más radical.

    Para analizar con espíritu crítico la labor política de Uslar Pietro, se tienen que plasmar ahora algunas consideraciones. En primer término, Arturo Uslar Pietri marcó distancia desde su juventud con las ideologías socialdemócrata, marxista y socialcristiana en Venezuela. Si algo se puede comprobar, es que el personaje en cuestión se negó a militar en los partidos AD, Copei y PCV, situándose dentro de un espacio conservador y liberal secular, plataforma que se observa con mayor nitidez en el marco de su candidatura presidencial en el año 1963. En segundo lugar, Uslar tuvo en la práctica política una mayor ambigüedad con los regímenes socialdemócratas a partir del año 1958. Si bien es cierto que durante el período 1945-1948 Uslar enfrentó a la Junta Revolucionaria de Gobierno que había derrocado a Medina Angarita, al presidente Gallegos y luego a la Junta Militar que desplazó al Gobierno de Rómulo Gallegos, su partido entró a fines del año 1964 a formar parte de la coalición de gobierno llamada “La Ancha Base” que respaldó al presidente de la República y miembro de Acción Democrática, Raúl Leoni, hasta el año 1966, y en 1975 aceptó la Embajada en la Unesco ofrecida por el presidente, miembro de Acción Democrática, Carlos Andrés Pérez. Con los gobiernos de filiación socialcristianos de Rafael Caldera (1969-1974; 1994-1999) y Luis Herrera Campins (1979-1984), Uslar tuvo menos contacto y menos compromiso. A partir del año 1992 se convirtió en un acérrimo opositor al Pacto de Punto Fijo.

    De acuerdo con las consideraciones anteriores, nos proponemos analizar tres “momentos políticos” de nuestro personaje, los cuales nos permitirán conocer mejor su actuación como figura pública: 1) Su participación en el debate público y en los gobiernos de Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, período 1936-1945; 2) su actuación como candidato durante la campaña electoral por la presidencia de la República en 1963 y 3) su participación en el movimiento llamado de los “Notables” en el período 1992-1998.

    En cada uno de esos “momentos” se expresan los diversos pronunciamientos, deslindes y contradicciones en los que se vio envuelto nuestro personaje en su controvertida pero intensa vida política.


LOS PASILLOS DE LA POLÍTICA (1936-1945)

    Arturo Uslar Pietri nació bajo el manto del poder. Sus padrinos de bautizo fueron el entonces presidente de la República, Cipriano Castro, y su señora esposa, doña Zoila de Castro. Entre el año 1931 y hasta 1934 AUP se desempeñó como Agregado Civil en la Legación de Venezuela en Francia, en donde estuvo bajo las órdenes de los ministros plenipotenciarios César Zumeta (1931) y Laureano Vallenilla Lanz (1931-1934). En ese tiempo representó al país ante la Sociedad de las Naciones, como miembro de la delegación venezolana, y asistió como delegado de Venezuela a la XVI Conferencia Internacional del Trabajo.

    A la muerte del presidente Juan Vicente Gómez el 17 de diciembre de 1935, Eleazar López Contreras se encargó el día siguiente de la presidencia de la república y el 26 de ese mismo mes y año, el Congreso Nacional lo nombró Presidente Provisional hasta abril del año 1936, completando así el último período presidencial para el cual había sido elegido Gómez. López Contreras es elegido para el próximo período presidencial hasta abril de 1941. En el mes de julio del año 1936 se aprueba una nueva Constitución, que por la propia iniciativa del general López Contreras recorta el período presidencial a fin de convocar elecciones presidenciales en 1941 (Avendaño, 1996).

    Arturo Uslar Pietri ocupó cargos importantes durante ese tiempo. Fue nombrado Jefe de la Sección de Economía y Finanzas del Ministerio de Hacienda hasta el mes de noviembre de 1937. Ese mismo mes es nombrado Director de Política Económica del Ministerio de Hacienda hasta el mes de abril de 1939, fecha en la cual es nombrado Director del Instituto Técnico de Inmigración y Colonización, donde tuvo una destacada actuación en el recibimiento de los refugiados europeos de la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil española, el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán. El 19 de julio de 1939 Uslar es designado Ministro de Educación del Gobierno de Venezuela hasta el año 1941.
 

    Durante la gestión del presidente Isaías Medina (1941-1945), Arturo Uslar Pietri ejerció como Secretario de la Presidencia de la República desde mayo de 1941 hasta el mayo de 1943; Ministro de Hacienda, del mes de mayo de 1943 al mes de noviembre de 1943; nuevamente Secretario de la Presidencia, del mes de noviembre de 1943 al mes de julio de 1945, y Ministro de Relaciones Interiores, del mes de julio de 1945 al mes de octubre de 1945 (Avendaño, 1996).

    Uslar Pietri jugó en esos años un papel fundamental en la política venezolana. Desde los inicios del año 1936 participó en la política nacional, siendo uno de los fundadores del partido ORVE (1936), del cual se desvinculó tempranamente al plantearse en el seno de la organización el retiro del apoyo al presidente López Contreras y su fusión con sectores de izquierda, como el Bloque Regional del Zulia y el PCV, al formarse el llamado Bloque de Abril, junto con el PRP y la UNR y, posteriormente, el llamado PDN histórico. AUP estuvo involucrado en la gestación del Partido Agrario Nacional, PAN, del cual formó parte del primer directorio (fundado el año de 1937 y que duró hasta 1938), en la Unión Venezolana Pro-Candidatura del General Isaías Medina Angarita (1941); en el Movimiento “Partidarios de la Política del Gobierno, PPG” (en mayo de 1943) y en la fundación del Partido Democrático Venezolano, PDV, en septiembre de 1943 (Magallanes, 1983).

    En ese momento se dio un distanciamiento entre los partidarios del ex presidente Eleazar López Contreras, quien aspiraba a retornar a la presidencia de Venezuela y quien había fundado la Agrupación Cívica Bolivariana para publicitar el pensamiento del libertador Simón Bolívar, con el fin de usarlo como medio de contención a la difusión y recepción por parte de los grupos de izquierda de las ideas marxistas y a los partidarios del presidente Medina.

    La política del presidente Medina de lanzar un candidato de consenso para las elecciones de 1946, el retiro de la candidatura de Diógenes Escalante por razones de salud, el lanzamiento de la candidatura de Ángel Biaggini por el PDV, luego de un intenso debate interno en el seno del partido (compitiendo con las precandidaturas de Rafael Vegas, el propio Uslar Petri y de Celis Paredes, ex gobernador de Caracas) y el lanzamiento de la candidatura de López Contreras en los primeros días del mes de octubre de 1945 arrastraron a esa élite, que venía del gomecismo, a su exclusión política, al darse el golpe de Estado del 18 del mes de octubre del año 1945. Este golpe de Estado significó el desplazamiento de unas élites políticas y militares que venían de dirigir al país desde el año 1899.
 

    Diversas explicaciones se han dado para analizar el golpe de Estado del 45. Algunos analistas han enfatizado el quiebre de la alianza posgomecista simbolizada en el distanciamiento y posterior ruptura entre López Contreras y Medina; otros han insistido en que Estados Unidos favoreció el golpe ante la política progresista del general Medina y su acercamiento a los comunistas venezolanos. Otra interpretación descansa en la idea de que el golpe era inevitable, dadas las trabas para la profundización de la democracia y del sufragio directo en Venezuela.

    Lo cierto es que el golpe de Estado sorprendió a Arturo Uslar Pietri, quien siendo Ministro de Relaciones Interiores no pudo evitarlo, a pesar de los rumores que circulaban desde fines del año 1944 de que en los cuarteles venezolanos se preparaba una conspiración y que existía un grupo castrense que se autocalificaba como la “Unión Patriótica Militar”, al cual se sumó, a fines del año 1945, el Partido Acción Democrática.

    Cuando Uslar quedó detenido por los insurrectos, no pudo imaginarse que encontraría en la misma situación al general López Contreras y otros “lopecistas” detenidos. La constatación de ese hecho seguramente deslumbró al alto personero oficial que había estado envuelto en las disputas internas del posgomecismo y que de alguna manera comenzaba a comprender que el 18 de octubre era algo más que un simple cuartelazo (Carrera Damas, 2005).

    En los tiempos que corren, la confusión intelectual que padecemos los venezolanos ha afectado también nuestra historiografía política. El permanente debate acerca de cuándo comenzó la modernidad en el país, se ha recreado por una ambigua interpretación que coloca el año 1936 la ruptura con el pasado, dándole a la figura histórica de Eleazar López Contreras el discutido privilegio de haber abierto las compuertas de la democracia y del capitalismo industrial.

    Frente a esta interpretación, surgen cada día más las evidencias que permiten colocar esa ruptura histórica en el año 1945, debido al desplazamiento de la élite posgomecista en la política, en la economía y, sobre todo, en el estamento militar, en el marco del fin de la Segunda Guerra Mundial.

    Si aceptamos tal premisa, podemos enfatizar el hecho de que Arturo Uslar Pietri formó parte de esa élite que fue desplazada del poder. Es a partir de la llamada Revolución de Octubre cuando surgen las elecciones libres y directas en Venezuela, y se instala una nueva manera de pensar y una nueva iconografía política, representada de manera singular en las figuras y en los discursos de Rómulo Betancourt y de Marcos Pérez Jiménez.

    El sentimentalismo ambigüo que origina una crítica negativa al papel de Acción Democrática, y de los jóvenes militares que terciaron en la disputa entre lopecistas y medinistas, y la misma evaluación de los comunistas venezolanos sobre esa época, ha contribuido entonces a permear la narrativa histórica con la puesta en práctica de una operación intelectual que descansa en la idea de la supuesta democratización del país a partir del año 1936.

    Pero evidencias históricas soportan la conjetura de que los gobiernos venezolanos desde el año 1936 al año 1945 no fueron más que unos gobiernos que ejercieron una transición, dentro de cánones autoritarios y personalistas y con unas ideas políticas que descansaban en el positivismo y en el pesimismo sobre las potencialidades populares (Carrera Damas, 2005).

    Es éste el contexto en que la figura de AUP juega un papel estelar, no sólo por su actuación política, sino también por sus ideas plasmadas en la literatura, en sus ensayos económicos y en el ejercicio del periodismo político, testimonios que como un todo expresan una manera típica de algunos venezolanos de la época de ver la configuración histórica del país: el gradualismo (Romero, 2002).

    Arturo Uslar Pietri salió exiliado hacia la ciudad de New York el mes de octubre de 1945. Atrás quedaba su reputación como el cerebro político del régimen del presidente Medina Angarita y su frustrada posibilidad de ser candidato presidencial para las elecciones del año 1951 (Avendaño, 1996:338). Arturo Uslar Pietri permaneció en Estados Unidos hasta el mes de julio del año 1950. Regresó a Venezuela y desde entonces no tomó parte activa en la política venezolana.

    Uslar mantuvo entre los años 1945 y 1948 una actitud crítica y de denuncia ante el régimen octubrista, y permanece al margen de la política de los sucesivos gobiernos militares y cívico-militares que ejercieron el poder en Venezuela entre los años 1948 y 1958.


“ARTURO ES EL HOMBRE” (1958-1964)

    Al caer la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, AUP aceptó la inclusión de su nombre en las listas de candidatos para el Senado de la República, y comenzó desde ese momento a involucrarse en sucesivos intentos de formación de un movimiento político que estuviera equidistante de Acción Democrática, Copei, URD y el PCV. Acción Democrática era un partido socialdemócrata que bajo su líder Rómulo Betancourt, aliado a un grupo de oficiales, había derrocado a Medina Angarita. Copei expresaba el pensamiento socialcristiano del cual Uslar era ajeno, URD se perfilaba como un partido de centro-izquierda y el PCV profesaba su fe marxista-leninista y entraba en la lucha armada. Así, Uslar Pietri se vinculó con la fundación del Movimiento Republicano Progresista (MRP) liderado por Ramón Escovar Salom y fundado en el año 1961, en donde Uslar aparece firmando el acta constitutiva de esa organización política, en la gestación de la Asociación Venezolana de Independientes, AVI, en el año 1962 y en la fundación del Frente Nacional de Oposición, en enero de 1963. Desde el año 1962 Uslar estuvo participando en sucesivas reuniones entre los líderes de los partidos legales que se oponían a la coalición de gobierno de AD y Copei, en torno a la posibilidad de lanzar un candidato unitario antigobierno para las elecciones presidenciales de 1963. A pesar de ese esfuerzo, los líderes de esos partidos, Raúl Ramos Giménez de AD-Oposición (una división de AD), Wolfgang Larrazábal del FDP y Jóvito Villalba de URD, lanzaron sus candidaturas al igual que Uslar Pietri, quien en julio de 1963 aceptó ser el candidato presidencial de varios grupos de independientes y de pequeños partidos (Frente Nacional de Oposición, Frente de Unificación Nacional, Comité Pro Frente Único de Oposición, el MRP, los Comités de Pro Candidatura de Arturo Uslar Pietri), que apoyaron al Grupo de Electores Independientes Pro Frente Nacional, IPFN (Avendaño, 1996; Magallanes, 1983).
 

    En relación con este tema, es importante señalar que un importante grupo de empresarios constituyó la Asociación Venezolana de Independientes, AVI, fundada en septiembre de 1962, con el propósito de lograr un candidato unitario para las elecciones presidenciales del año 1963. AVI decide apoyar públicamente al gobierno de la coalición de los partidos AD y Copei conocida como “La Guanábana”, y al presidente de la república, Rómulo Betancourt, en medio de la inestabilidad política, económica y militar que vivía el país. Hay que recordar que se habían dado dos intentos de golpe de Estado ese año, que el Partido AD se había dividido dos veces, que la izquierda en su mayoría había adoptado el método insurreccional para oponerse a Betancourt y que se experimentaba una profunda crisis económica en todo el país (AVI, 1962).

    AVI hizo efectivas las recomendaciones de la XVIII Asamblea Anual de Fedecámaras, plasmadas en el documento conocido como “La Carta de Mérida”, en torno a la necesidad de que el sector empresarial apoyase al sistema democrático y procurase lograr un candidato presidencial de carácter nacional” para las elecciones presidenciales de diciembre de 1963 (Romero, 1982).

    El 5 de diciembre de 1962 AVI lanzó un manifiesto a la nación en el que fijó posición frente a las elecciones de 1963. En ese documento se plantea que la asociación se pronunció por “un candidato de entendimiento y conciliación de los venezolanos y, que, como tal, pueda contar con el apoyo mayoritario de los sectores positivos de Venezuela, tanto partidistas como independientes” (AVI, 1962).

    Los directivos de AVI, entre los cuales se encontraban los empresarios venezolanos Rodolfo Rojas, Eugenio Mendoza, Nicomedes Zuloaga, Oscar Machado Zuloaga, Arturo Sosa (hijo) y Enrique Sánchez, se reunieron con las directivas de los partidos AD y Copei a fin de procurar un candidato unitario.

    En marzo de 1963 AVI decidió no participar con tarjeta y planchas propias a los cuerpos deliberantes e informó que había llegado a un acuerdo con el partido Copei para escoger a un candidato de sus filas o a un independiente y anunció la ruptura de las conversaciones que estaba sosteniendo con la dirección de AD, ya que los dirigentes de ese partido insistían en discutir “un candidato de sus filas” (AVI, 1963).

    La tesis de la conveniencia de un candidato nacional, independiente o partidista no se logró finalmente, al lanzarse varios candidatos a la presidencia de la república entre el segundo y tercer trimestres del año 1963, entre ellos Arturo Uslar Pietri. De la misma forma, el presidente Rómulo Betancourt no pudo imponer las candidaturas de Rafael Caldera, líder de Copei o del independiente Ramón J. Velásquez en el seno de su propio partido, Acción Democrática. Ante tal circunstancia, la directiva de AVI se dividió entre quienes querían apoyar a Caldera y quienes deseaban apoyar a Arturo Uslar Pietri como figura independiente de entendimiento nacional.

    Esta candidatura, la cual en un principio pensó iba a ser un globo de ensayo a ver si encajaba como la candidatura nacional, se fue convirtiendo en una candidatura de oposición al Gobierno de Rómulo Betancourt, al Pacto de Punto Fijo y a la coalición de AD y Copei, recibiendo apoyos de varios sectores de la vida nacional. Pero, irónicamente, la candidatura de Uslar, a pesar de tener un importante apoyo empresarial y de sectores de clase media, no fue apoyada por el grueso del empresariado venezolano, que dividió sus simpatías por el candidato de AD y el candidato de Copei.
 

    En septiembre de 1963 la directiva de AVI emitió un manifiesto a la nación en el que se mostraba pesimista frente al proceso electoral. Según AVI, “la proliferación de candidaturas no permitirá que de esta elección resulte una verdadera solución nacional, a pesar de las relevantes condiciones personales que pudiese reunir uno de los candidatos (se refieren a Rafael Caldera), ni apoyar la candidatura independiente planteada al electorado” (se refieren a Uslar Pietri), “porque en su alrededor no se ha logrado el entendimiento que consideramos esencial como solución nacional” (AVI, 1963).

    AVI dejó en libertad a sus miembros de votar por el candidato de su preferencia, aunque un grupo de empresarios manifestó públicamente su apoyo a la candidatura de Uslar, entre los que resaltaron: J.J. González Gorrondona, Nicomedes Zuloaga, Carlos Guillermo Rangel, Feliciano Pacanins, Oscar Machado Zuloaga, Federico Vegas, Ricardo Zuloaga, Alfredo Paúl Delfino y Armando Branger.

    De esta manera, se puede entender la candidatura de Arturo Uslar Pietri como el resultado del fracaso de AVI y de otros sectores políticos de lograr una candidatura de unidad nacional. Así, Uslar fue una opción más dentro de las candidaturas de ese mosaico electoral presidencial que fue el año 1963, y en la medida en que pasaban los meses de la campaña se convirtió en una candidatura opositora que expresaba una insatisfacción por la gestión de Rómulo Betancourt y la coalición gubernamental de AD y Copei.

    Tres posiciones de Uslar en la campaña ilustran su visión del momento. El 8 de septiembre de 1963, dijo: “O sacamos de las urnas (electorales) una democracia eficiente y efectiva, o este país fracasa, no como democracia, sino como país, que es mucho más grave” (La Esfera, 09-09-1963:1-2). De igual manera, exclamó: “Solamente el gobierno de un candidato independiente podría rescatar el destino de Venezuela” (El Nacional, 24-09-1963:C-1) y comentó: “Por aquí vendrá el doctor Raúl Leoni haciendo esas promesas con las cuales anda recorriendo el país. Yo les pido una cosa, que le pregunten al doctor Leoni dónde estaba él en estos últimos cinco años, que le pregunten si estaba en la cárcel, en el exilio o en la oposición, o si estaba apoyando el desbarajuste nacional que nos ha conducido al trágico y decisivo momento que estamos viviendo. Les pido que le pregunten al doctor Caldera con sus promesas de cien mil casas por año y los subsidios a la familia, dónde ha estado durante estos últimos cinco años. Si ha estado en la oposición o si ha sido cómplice del gobierno más inepto que conoce la historia de Venezuela” (El Nacional, 25-08-1963:C-1).
 

    Con el lema “Arturo es el hombre” se desarrolló una candidatura que no podía lucir vencedora sin maquinaria, que se sumó a la diáspora de la oposición, que se enfrentaba democráticamente a los gobiernos de AD y Copei, que le quitó votos a la candidatura de Rafael Caldera debilitada por la negativa de la dirección de AD de apoyarla, y que permitió que Raúl Leoni, el candidato del Partido AD, ganara las elecciones con el 31% de los votos. Uslar Pietri llegó en el cuarto lugar, detrás de Raúl Leoni, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, y sacó 469.363 votos para la presidencia (16,08% de los votos válidos emitidos) y sus candidatos a los cuerpos deliberantes 381.600 votos, 13,33% de los votos, obteniendo cinco senadores y 22 diputados al Congreso Nacional (Avendaño, 1996).

    Constatados los resultados electorales del año 1963, Uslar fortaleció su figuración política en la política venezolana, al determinarse que representaba a una importante fracción del electorado.

    El 24 de febrero de 1964 Uslar decidió agrupar a casi todos sus partidarios de su candidatura presidencial en el Partido “Frente Nacional Democrático”, FND, y aceptó la presidencia de esa nueva organización política. A fines de ese mismo año el FND entró a formar parte de la coalición de gobierno y parlamentaria conocida como “La Ancha Base” hasta el año 1966. El FND pasó así de ser un partido de oposición a AD y Copei, a apoyar al Gobierno del presidente Raúl Leoni, lo que le acarreó una importante pérdida de popularidad.

    No está claro si en el año 1968 el apoyo del FND a la candidatura independiente de Miguel Ángel Burelli Rivas mermó su caudal electoral, o ya lo había perdido, o que el FND dependía de la figura de Arturo Uslar Pietri como fenómeno electoral del año 1963, quien había decidido no lanzar de nuevo su candidatura presidencial para las elecciones de 1968. Lo cierto es que en ese año el FND apoyó sin éxito esa candidatura del independiente Miguel Ángel Burelli Rivas en el marco de la alianza electoral “El Frente de la Victoria”, formado por los partidos FNE, URD, FDP y otras organizaciones independientes. El FND le dio a Burelli Rivas, quien sacó un total de 826.758 votos presidenciales, 132.030 votos y en tarjetas pequeñas el FND sacó 96.027 votos, lo que le dio un senador y cuatro diputados En 1973 el candidato presidencial del FND, Pedro Segnini La Cruz, sacó menos de 7.000 votos y los candidatos del FND a los cuerpos legislativos también obtuvieron menos de 7.000 votos. En 1974 el FND dejó de existir como partido político (ya Uslar Pietri se había desvinculado del Partido en 1969). Se cerraba así la segunda experiencia traumática de Uslar con el poder (Avendaño, 1996:436-463; Magallanes, 1983:477).


EL PAÍS ESTÁ MAL (1992-1999)

    El año 1989 va a marcar un hito en la historia contemporánea de Venezuela. El retorno de Carlos Andrés Pérez a la presidencia de la República se convirtió en una pesadilla para quienes pronosticaban una larga vida al sistema político venezolano. El “Caracazo” de febrero de ese año, una insurrección que develó la insatisfacción popular por la conducción de la cosa pública por parte de los gobiernos que habían precedido al presidente Pérez, y el clamor de una buena parte de la dirigencia nacional sobre que el modelo del Pacto de Punto Fijo estaba agotado, se juntaron como dos aristas que de algún modo abrieron un camino de evaluación negativa sobre los alcances de la vida democrática en el país.

    Arturo Uslar Pietri, luego de más de 15 años de retiro de la actividad pública, regresó con bríos a la arena política, acompañando a un grupo de personalidades provenientes del mosaico político opositor venezolano: lopecistas, medinistas, militaristas, liberales, gente de la izquierda tradicional venezolana, ex miembros de AD, Copei, URD, FND, MEP y de otros partidos venezolanos, quienes comenzaron a emitir una serie de pronunciamientos sobre la situación nacional, que de alguna manera reflejaban una crítica que iba más allá de lo coyuntural y que se constituía en una requisitoria general sobre los cimientos en los que se sustentaba el modelo político venezolano nacido en 1958.

    Este grupo de personalidades no estaba arando en el mar. En el propio gobierno se había impulsado el trabajo de la Comisión de Reforma del Estado (Copre), creada en 1984 durante el mandato del presidente Jaime Lusinchi, a fin de plantear la mejor manera de remozar un sistema que estaba agrietándose. En los sectores castrenses se percibía una inquietud militar por las características de un modelo que no satisfacía las necesidades y ambiciones de unos jóvenes oficiales que se separaban del consenso cívico-militar, que había sostenido por mayoría y en parte el orden constitucional desde el año 1958. Esta inquietud se sentía por igual en sectores religiosos, empresariales y sociales, así como también dentro de los medios de comunicación privados.

    De esta manera, se fue formando una masa crítica que desde la óptica de lograr una democracia perfectible causó una herida mortal a un sistema político que se tambaleaba por el impulso de sus detractores, a los que se agregaron los errores cometidos por el propio presidente Pérez en su gestión, al no darse cuenta del significado del “Caracazo” como reacción a la política de ajuste que de manera abrupta había comenzado a aplicar a comienzos de su gestión.

    En ese torrente estuvo Uslar Pietri, a la cabeza de esa masa crítica, consecuencia de su prestigio y de su reputación, al ser el intelectual más respetado y reconocido dentro y fuera de Venezuela. Él, al igual que los venezolanos que los acompañaron en esta actitud en contra del presidente Pérez y del sistema político, si bien querían reestructurar la política en Venezuela dentro de un marco democrático y liberal, no se imaginaron que estaban contribuyendo a minar un sistema que luego de una espectacular metamorfosis derivó en el actual régimen chavista.
 

    Quisiera detenerme en esto. No estoy tratando de relacionar directamente a nuestro personaje con los intentos de golpe del año 1992 y el posterior advenimiento del actual régimen semidemocrático venezolano. Lo que estoy tratando de decir es que la masa crítica que se formó en contra del presidente Pérez, en contra de los partidos AD y Copei y contra el propio “puntofijismo” contribuyó a generar un vacío de poder que permitió posteriormente esta operación gigantesca de cambio y de desplazamiento de élites que se dio en Venezuela y que paradójicamente Uslar Pietri, al final de su vida, alertó sobre el peligro que todo ello significaba, dando paso así a su tercer “momento” político.

    En esos años, la pluma, la imagen mediática y la voz de Uslar Pietri fueron prolíficas en materia política. Un libro escrito por él, Golpe y Estado en Venezuela, publicado en 1992, representa el alfa y el omega de esa reflexión. En esa obra Uslar Pietri trata de vincular la situación vivida en Venezuela a partir de 1989 con las secuelas del golpe de Estado en contra del presidente Medina en 1945 y con la evidente descomposición histórica del país.

    En esta línea argumental Uslar Pietri reflexiona sobre los sucesos de febrero de 1992 y comenta que: “Lo que ha ocurrido en Venezuela el 4 de febrero de 1992 se veía venir desde hace tiempo. El más superficial observador no podía dejar de darse cuenta del disgusto creciente que la mayoría de la población, particularmente la clase media y los trabajadores, para no nombrar los marginales y los desempleados, venía manifestando en muchas formas ostensibles con respecto a la gestión de gobierno” (Uslar Pietri, 1992:11). De igual forma, Uslar plantea que: “La insurrección militar del 4 de febrero de 1992 no debe ser vista aisladamente, como un caso más de intentonas golpistas por parte de militares ambiciosos, sino que hay que considerarla, si se quiere entender su verdadera significación y comprender mejor la situación real del país, en el contexto del cuadro general de la vida venezolana y de la forma como en los últimos años se ha venido conduciendo el gobierno” (Uslar Pietri, 1992:15). En la misma dirección, nuestro autor dice: “Fue en ese ambiente de frustración y de angustia, que se planteaba de la manera más elocuente ante la indiferencia del gobierno, que ocurrió el alzamiento militar del 4 de febrero de 1992. Era, sin duda, un gesto de desesperación el que movió a un grupo numeroso de oficiales de las Fuerzas Armadas a sentirse obligados a actuar para llenar, en alguna forma, aquella ausencia de respuesta ante el clamor nacional” (Uslar Pietri, 1992:94).

    Por el mismo sendero, Uslar Pietri comenta sobre el significado del Pacto de Punto Fijo: “Un viejo pacto, que hoy resulta injustificado y contraproducente, ha hecho que los principales partidos reduzcan las funciones normales de la oposición a un mínimo casi ceremonial. Esto ha provocado que en los últimos años no haya habido oposición efectiva en el Congreso, ni verdaderas opciones diferentes de poder y de programas para ofrecer alternativas eficaces al electorado” (p. 16). Nuestro autor amplía esa visión cuando dice que “Por virtud de ese pacto, los grandes partidos se turnan en el poder según el resultado electoral, pero manteniendo los acuerdos fundamentales de participación lucrativa en las ventajas que da el gobierno” (p. 122).

    Sobre los partidos AD y Copei, Uslar Pietri comenta que: “Después del derrocamiento del gobierno de Pérez Jiménez lo que ha surgido es una situación administrativa y social profundamente deformada por la intervención y la influencia abusiva de los partidos políticos, que hoy constituye uno de los mayores obstáculos para la necesaria sinceración de la vida democrática de la nación” (p. 29).

    Sobre el 18 de octubre de 1945, Uslar Pietri dice: “También al derrocamiento del presidente Medina se inició una acción demoledora semejante para negarle a su gobierno y al de su inmediato antecesor, el general Eleazar López Contreras, toda su virtud, todo su acierto y todo aspecto de realización positiva para el país. Fueron clasificados de neogomecistas, de reaccionarios, de deshonestos y de enemigos de la democracia y profascistas, cuando la verdad era que el camino hacia la democracia, con paso muy seguro y con visión clara, comienza en los gobiernos de esos dos presidentes” (p. 43). En ese sentido, el autor citado plantea que: “Cuando Gómez muere no había en el país ninguna otra posibilidad política que la continuidad del régimen en alguna forma. Ninguna alternativa de poder distinta existía y no había ni una opinión organizada, ni la más mínima experiencia de régimen constitucional efectivo” (p. 75).

    Éstas y otras referencias sobre la interpretación que hace Arturo Uslar Pietri de la historia contemporánea de Venezuela, se ilustran con otras declaraciones y discursos suyos, entre los que se encuentra una interesante comparecencia de nuestro personaje ante oficiales y cadetes en el auditórium de la Academia Militar de Venezuela el 27 de agosto de 1991. En esa ocasión Uslar Pietri interpreta, de la siguiente manera, el papel que debe jugar la institución armada en esos años: “Es muy posible –está en la lógica misma de los hechos– que en los años venideros y por mucho tiempo la amenaza de una agresión militar externa hacia Venezuela disminuya hasta casi desaparecer. De modo, que la misión puramente defensiva frente a la amenaza exterior va a perder importancia. No va a desaparecer, desde luego, pero no va a significar esto que la importancia de las Fuerzas Armadas en la vida nacional tenga que disminuir. Yo creo que puede aumentar y creo que puede enriquecerse con muchas otras responsabilidades y tareas que están llamadas a desempeñar”. Y añade: “No creo que esto constituya ningún peligro para la democracia venezolana. Las Fuerzas Armadas Nacionales han demostrado hasta la saciedad su condición democrática y mantienen una actitud ejemplar de respeto al poder civil. Han tenido en múltiples ocasiones, algunas de ellas muy dramáticas, la oportunidad de demostrarlo y lo han demostrado. El país no tiene por qué desconfiar de los venezolanos que visten el uniforme y, lejos de desconfiar de ellos, tiene que contar con ellos. Hay allí una gran reserva de voluntades, de capacidades, de vocación de servicio que debe ser aprovechada en la gran empresa de hacer una Venezuela mejor” (Uslar Pietri, 1998).

    Pero los años pasan y en 1998 Arturo Uslar Pietri realiza el último acto importante de su vida política: apoyar al final de la campaña electoral presidencial al candidato independiente Henrique Salas Römer, quien intentó unir esfuerzos para detener la ya probable victoria de Hugo Chávez, uno de los principales líderes de los militares que se habían alzado en el año 1992 y que Uslar Pietri y otros venezolanos interpretaron como una campanada inequívoca y causal de la crisis venezolana de esos tiempos.

    Al recibir la visita de Salas Römer en su casa, luego de la derrota de este último en las elecciones de diciembre de 1998, Uslar Pietri aprovechó la ocasión para oponerse a la reelección presidencial y a la posibilidad de un referéndum para convocar una asamblea constituyente, aunque reconoció que “estamos viviendo una etapa de cambio en Venezuela, de la que no nos damos mucha cuenta. Es evidente que las instituciones que tenemos rigiendo el país desde hace cuarenta años no corresponden ya a la realidad de la nación y que existen hoy problemas que no existían entonces. Yo creo que se requiere una renovación del pensamiento político venezolano” (El Universal digital, 16-01-99).

    Ante la visita de dos ministros designados (Luis Miquilena y José Vicente Rangel), del nuevo gobierno que iba a ser presidido por Hugo Chávez, el escritor alertó que no estaba de acuerdo con la convocatoria de una asamblea constituyente que no pasara por una reforma previa de la Constitución vigente y precisó de manera visionaria que: “Yo no soy mesianista”. “Espero que Chávez acierte, pero creo que a los venezolanos les ha salido caro el mesianismo, el pensar que un hombre determinado resuelve el problema: el problema lo resolvemos todos los venezolanos o no los resuelve nadie”. “Si él se entiende como un caudillo providencial, puede hacer mucho mal; pero si él se entiende como un gerente de un negocio que no marcha muy bien y que hay que organizar, puede hacer mucho bien” (El Universal digital, 04-01-99).

    El 15 de noviembre de 1999 Uslar Pietri dijo: “Venezuela está en un período caótico. El Gobierno se está erigiendo sobre la base de la desaparición de los partidos políticos, cuando lo deseable sería que, en un momento como éste, hubiera por lo menos dos tendencias de opinión definidas, que hicieran propuestas alternativas”. De igual modo, alertó sobre la posibilidad de la instauración de una dictadura legal en Venezuela, exclamando que: “En este momento lo que está funcionando son los personalismos muy claros y la reelección sólo busca perpetuarlos en el tiempo”. Al mismo tiempo, Uslar reiteró su idea histórica sobre que había que “sembrar el petróleo, es decir, hay que aprovechar esa riqueza para crear una nación productiva, algo que no se hizo nunca” (El Universal digital, 15-11-99).

    Arturo Uslar Pietri observó con precaución y angustia lo que podía venir en Venezuela. Pero ya era demasiado tarde para reflexionar sobre el daño que se le había hecho a un sistema democrático de partidos que, con todas sus fallas, había limitado las enfermedades crónicas de la política venezolana: el mesianismo y el autoritarismo.
 

    Éste fue un tercer momento en la historia de un político que no pudo concretar su sueño de una Venezuela diferente a la que conoció y combatió.


CONCLUSIONES

    La personalidad de Arturo Uslar Pietri jugó un rol estelar en la vida cívica venezolana. Las múltiples facetas en que se desarrolló su labor intelectual expresan su calidad como hombre de pensamiento y de creación permanentes.

    A Uslar Pietri le tocó participar como sujeto activo en importantes acontecimientos de la vida nacional. Sin embargo, como se ha tratado de demostrar, en los momentos más importantes de su carrera política, la tensión entre su virtú y su “fortuna” no le permitió completar su obra política.

    Ahora bien, esa tensión no se puede explicar fuera del contexto que le tocó vivir. Tomando en cuenta los tres “momentos” políticos que hemos escogido en función de detallar el comportamiento político de nuestro personaje, es preciso recordar que Uslar se vio involucrado en episodios fundamentales de la vida republicana venezolana.

    Nos referimos a los procesos que dieron lugar al golpe de Estado del 18 de octubre de 1945, a la restauración democrática venezolana a partir del año 1958 y al ocaso de la experiencia democrática a partir de 1992.

    Uslar Pietri no tuvo ambiciones obsesivas. Pero no sería útil ubicar a Arturo Uslar Pietri tan sólo en el plano de la psicología. El plano contextual nos brinda una verdadera e interesante perspectiva que nos lleva a plantear que Uslar pertenece a una tipología latinoamericana que no supo comprender a cabalidad nuestros fenómenos más importantes, tales como el estatismo, el populismo, el antioccidentalismo, el antimodernismo y que quiso colocar en práctica la idea platónica del filósofo político (Romero, 2002).

    No es casual que el lema de la campaña de Uslar Pietri en el año 1963 fuera “Arturo es el hombre”. El hombre que sacaría a Venezuela del populismo, que uniría a los venezolanos, que nos llevaría al desarrollo, que orientaría al pueblo a escoger su camino, todo un “profeta laico”, como sabiamente lo categorizó el intelectual venezolano Roberto José Lovera De Sola (Carrera Damas, 2005; Avendaño, 1986; Lovera De Sola, 1982).

    Este planteamiento pudiera sonar como una herejía en una sociedad como la venezolana de nuestros tiempos, que en este momento tiene una dirección política que trata de desterrar las ideas políticas predominantes desde el año 1958, es decir, el discurso democrático, y que está reinterpretando la historia de Venezuela y adjetivando y confundiendo acontecimientos que en circunstancias muy específicas fueron lo que fueron y no lo que ahora se quiere que sean.

    No quiero decir con esto que no hubiesen, como efectivamente las hubo, interpretaciones paralelas al populismo en la Venezuela del siglo XX. De hecho, Uslar Pietri trató siempre de hacerlo, desde su posición distante, al igual que otros intelectuales de su rango, pero, como hemos tratado de plantear, ellos no se convirtieron en portadores de las ideas nacionales. La praxis nos ayuda a comprender que Uslar y quienes pensaron como él no pudieron desterrar el discurso político del populismo encarnado en AD y en su líder fundamental, Rómulo Betancourt.

    De ahí las posiciones ambiguas que tuvo Uslar frente a los miembros de Acción Democrática y, en general, frente a las tendencias socialistas. Los combatió fuertemente entre 1941 y 1948, los toleró entre 1958 y 1963, los combatió electoralmente en 1963, permitió que su partido estuviera en la “Ancha Base” para apoyar al Gobierno de Raúl Leoni en 1964, aceptó un cargo diplomático en un gobierno de Acción Democrática en 1974 y honores de un presidente de ese partido (por parte de Jaime Lusinchi) en el año 1986, para luego combatirlos nuevamente, en este caso con las ideas, a partir de 1989.

    Esta ambigüedad, por cierto, no se nota en la posición de Uslar Pietri frente a los socialcristianos y los marxistas. Con ellos coincidió y también discrepó. Con los comunistas venezolanos coincidió entre los años 1942 a 1945 y con parte del socialcristianismo representado en la corriente calderista entre 1989 a 1994, en la tarea de demoler el discurso democrático-populista.

    En el momento en que se trasluce una operación ideológica que aspira a colocar el comienzo de la modernidad en el año 1936 y de evaluar como democráticos a los regímenes posgomecistas, la figura de Arturo Uslar Pietri se coloca como un actor principal para entender las ideas de un importante grupo de venezolanos que, colocándose dentro del marxismo, dentro del liberalismo y dentro del conservadurismo laico, se opusieron al populismo civil-partidista representado en Acción Democrática y en menor parte por Copei.

    Los tres momentos que se analizan en este breve ensayo en la vida política de Arturo Uslar Pietri pudieran servir para comprender mejor su camino político y su dilatada trayectoria como venezolano de gran prestigio y consideración.


BIBLIOGRAFÍA

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13. ___________ (1992). Golpe y Estado en Venezuela. Bogotá: Editorial Norma.         [ Links ]


Periódicos consultados

La Esfera, Caracas, Venezuela.
El Nacional, Caracas, Venezuela.
El Universal, Caracas, Venezuela.

 
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