Una de las características del actual régimen venezolano es la aceleración de la confrontación. El conflicto hay que crearlo, provocarlo, azuzarlo permanentemente. De esta manera la gente no tiene tiempo de pensar, sino sólo de reaccionar emocionalmente ante cada nuevo escenario. Así pues, la brecha crece y se favorece la polarización. Tesis, antítesis y síntesis: versión de la dialéctica, según el manual marxista más elemental: acompañada de una buena táctica, se avanza cuando no hay resistencia y se retrocede, no para ceder, sino para esperar mejores tiempos en los que se pueda dar un nuevo impulso al proyecto revolucionario.

El año 2002 fue particularmente convulsionado. Los ánimos se encontraban crispados. En mis palabras de inauguración de la LXXVII Asamblea Ordinaria del Episcopado (7-1-02) afirmé: Nos preocupa que haya mayor interés en encender hogueras de odio y de descalificación que en descubrir lo que nos une; hay mayor empeño en destruir que en construir; se sacrifican los valores sagrados de la fe por el poder; en lugar de disminuir la pobreza de la mayoría aumenta la corrupción de quienes tienen acceso al dinero fácil; la moral del interés está por encima del bien común. La violencia y la criminalidad aumentan en una sociedad que dice adorar al Dios de la vida. En concreto, debemos preguntarnos hoy sinceramente, ¿por qué, a tres años de una ilusión esperanzada y compartida por la mayoría de los venezolanos, se desdibuja ese panorama y campean la corrupción, la inautenticidad y el oportunismo? No podemos eludir plantearnos en toda su crudeza esta situación.

La Exhortación Pastoral Colectiva de esa misma Asamblea (11-1-02) se tituló: El diálogo: camino hacia la paz. Allí se dice: se está haciendo cada vez más difícil el sentarse a la mesa del diálogo. La intransigencia, la descalificación, el insulto y la amenaza lo hacen imposible. Da la impresión de que hubiera un gran miedo a dialogar porque no hay disposición a escuchar al otro, atender sus razones, presentar las propias y buscar juntos lo que sería más conveniente para todos…animados por la certeza de la vocación que el pueblo de Venezuela tiene a ser un pueblo unido en la convivencia, sentimos la urgencia de convocar a todos a trabajar de manera comprometida en la construcción de la paz.

La prensa le dio amplia cobertura al documento episcopal. En esta Asamblea se hizo presente el viceministro del Interior, Dr. Valery, a quien se le expusieron las preocupaciones del Episcopado. Dijo que trasmitiría a sus superiores los planteamientos. No tuvimos noticia de sus gestiones, si las hizo. Es bueno hacer notar que el Ministro de Justicia o Interior ha sido invitado permanente a compartir algún momento en las Asambleas Ordinarias (enero y julio) de los Obispos. La invitación siempre ha sido personal e intransferible. Durante el presente gobierno esta tradición se rompió. Rara vez viene el Ministro; alguna, aparece un subalterno o simplemente no llega nadie.

El 23 de enero, -44º. aniversario de la caída de Pérez Jiménez-, se trasmitió en cadena nacional una polémica Misa, desde la iglesia de los PP. Franciscanos en El 23 de Enero, a la que asistieron altos representantes del Gobierno. La homilía respondió a un lema de la revolución. En respuesta, el Cardenal Velasco emitió un enérgico comunicado reclamando ese tipo de manipulación.

El 24 de enero tuvo lugar el saludo de Año Nuevo del Cuerpo Diplomático. El Sr. Nuncio, Mons. André Dupuy, en su calidad de Decano, dirigió las palabras de salutación al Primer Magistrado. Entre otras cosas, dijo: Nosotros estamos bien conscientes de que la tarea a la que Vuestra Excelencia y los responsables de la vida política, social y económica de Venezuela están confrontados, es difícil, y lleva consigo grandes obstáculos. Se trata, en esencia, de poner los fundamentos de una sociedad más justa, una sociedad donde los sacrificios sean compartidos por todos y no solamente por los más desfavorecidos…El siguiente párrafo fue el que desató las iras: La justicia exige mucha sabiduría, tenacidad y también el deseo de hacer prevalecer la fuerza de la razón sobre las razones de la fuerza…Aunque podría dar la impresión de que estoy predicando verdades a quien ya las sabe, -pues todos conocemos su interés y su determinación de luchar contra la pobreza-, me he tomado la libertad de decirle estas palabras por una razón muy sencilla: sería una verdadera lástima si una radicalización o una politización excesiva del actual proceso de cambio pusiera en segundo plano lo que (alguien) definió…como “los objetivos humanitarios de la revolución bolivariana”.

La respuesta presidencial fue desmedida y ofensiva contra el Nuncio, los Embajadores presentes y la Iglesia en general, ya que lesionó el sentimiento cristiano de la mayoría de los venezolanos. Entre otras cosas, el Sr. Presidente afirmó sentirse sorprendido de lo que estaba oyendo en ese momento. El Sr. Nuncio nos confió que tal como se estila en estos casos, el discurso se había enviado a la Cancillería con cuarenta y ocho horas de anticipación, para que el Gobierno hiciera observaciones o expresase disconformidad, si así lo consideraba pertinente. El Presidente prefirió fingir no tener conocimiento del discurso del Decano para arremeter en la forma que lo hizo.

Tal y como lo reflejan los periódicos de aquellos días, la Conferencia Episcopal Venezolana recibió apoyo tanto de la Presidencia del CELAM como de diversos Episcopados Latinoamericanos y de las Organizaciones Episcopales Continentales de África, Madagascar y Asia. De esto queda constancia en la revista Iglesia Venezuela, órgano oficial del Episcopado.
Como aderezo a la situación, en esos días se habló de una nueva ley de cultos. Su inconveniencia y extemporaneidad, unida al desconocimiento del texto, fue objeto de declaraciones por parte de varios obispos. Todo ello está reflejado en la prensa de aquellos días. Vale recordar que desde el inicio del actual régimen, ha habido intentos y varios borradores de una supuesta ley de cultos. En todos los anteproyectos conocidos queda claro que se busca el control administrativo o la penalización de las diversas denominaciones religiosas, en particular de la Iglesia Católica. Los ciudadanos nacionales o extranjeros que ejercen funciones de culto (sacerdotes, pastores o afines) pasarían a ser de segunda categoría, pues sus derechos fundamentales quedarían restringidos o cercenados por el simple hecho de ser ministros de culto. Dado el peso de la religión en América Latina, los(ciertos) gobiernos de(en) todos los tiempos han procurado un status particular a los ministros de culto, para controlar y/o restringir su campo de acción.

(precisión ya que aparece un fin muy particular; ha habido, a la inversa, privilegios cuando se trataba de “religión oficial del Estado”)

Fuente: http://www.vlinea.com/index.php?option=com_content&view=article&id=10563%3Abaltazar-porras-memorias-de-un-obispo-los-primeros-meses-del-2002-&catid=1%3Anacionales&Itemid=64&limitstart=1

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