Como la salida del almuerzo fue antes de la hora prevista, nadie había llegado a buscarme. Me tocó pedir que me llevaran a Montalbán. Me pusieron un carro y chofer a disposición. De una vez se me dijo que desde el Country Club hacia el Oeste de la capital era imposible transitar, debido a la marcha y por la activación del Plan Ávila. Optamos buscar salir por Baruta, Universidad Simón Bolívar y Hoyo de la Puerta, para entrar por la autopista hacia el oeste de Caracas. Tardamos más de dos horas en este trayecto.

Al chofer se le agotó la tarjeta de su celular. Seguíamos como podíamos la trasmisión de la marcha por la radio. Todas las emisoras que sintonizábamos se oían muy mal porque había interferencias. Comenzó la cadena presidencial. En la bajada de Tazón se nos informó que no dejaban salir a nadie por el peaje ni acceder a la ciudad por la autopista. Fuimos interceptados por la Guardia Nacional que estaba atravesada en la vía. Comenzaron disparos de fusiles Fal al aire y se armó la desbandada, retrocediendo todos, como se podía, en medio de los numerosos vehículos que copaban la vía.

Opté por pedirle al conductor que intentáramos llegar hasta la Casa Parroquial de la Santísima Trinidad de Prados del Este. Así lo hicimos. Llegamos a duras penas, pasadas las cinco de la tarde. Hasta allí me acompañó el chofer. Los Padres Eduardo Dubriske y William Rodríguez me recibieron. En sus rostros se notaba la preocupación por lo que estaba pasando. Fue entonces cuando me enteré de que había habido tiros, muertos y heridos entre los manifestantes que llegaban al Centro de Caracas; y supe de los manifiestos públicos de varios componentes de las Fuerzas Armadas. Me ofrecieron un refresco y galletas. Al fin, pude comunicarme con la Conferencia Episcopal y con el Cardenal Velasco. Estaban preocupados, porque no sabían de mi paradero. Les conté la aventura vivida durante cinco horas. El Cardenal Velasco me pidió que me dirigiera a alguno de los canales de televisión para hacer un llamado a la calma y pedir que cesaran las muertes.

El Padre William Rodríguez me llevó en su carro. No sabíamos a dónde dirigirnos. Tomamos el camino hacia Globovisión o Venevisión. Llegamos a este último canal anocheciendo. Pudimos entrar y fui llevado de una vez a los estudios. Había muchísima gente de todos los estratos políticos, empresariales y comunicacionales. Entré directamente al aire. En ese momento dirigía en ese momento Napoleón Bravo. Quedé sobrecogido por las escenas que veía en la pantalla. Dirigí unas palabras condenando la violencia, llamando a la calma y a la búsqueda de soluciones pacíficas. El congestionamiento de vehículos en los alrededores del canal hizo que el P. William tuviera que irse. Quedé de nuevo solo, sin celular y sin vehículo. La confusión reinante en los pasillos del canal era grande. Cada quien opinaba o decía lo que sabía o le habían dicho. Solicité me trasladaran a Montalbán. En aquel caos, era difícil encontrar a alguien que decidiera o pudiera hacer algo por mí.
Me invitaron a subir al piso de la presidencia del canal. Allí también había mucha gente. En ese momento, en los estudios estaban entrevistando al Dr. Luis Miquilena. Los presentes lo seguían a través de una gran pantalla. Los celulares no paraban de sonar ni las personas de hablar. Parecía un mercado donde cada quien vociferaba lo suyo. No lograba comunicarme con la Conferencia Episcopal a través de los teléfonos allí instalados. Saludé al Periodista Rafael Poleo, quien estaba a mi lado. Luego apareció el Gobernador de Miranda, Sr. Enrique Mendoza, quien como yo, buscaba algo para comer y saciar la sed. Fue poco lo que encontramos. Hacia las 10 p.m. logré que me llevaran hasta Montalbán, sede de la Conferencia Episcopal. El tráfico era escaso, por lo que llegamos en pocos minutos.

Fuente: http://www.vlinea.com/index.php?option=com_content&view=article&id=10563%3Abaltazar-porras-memorias-de-un-obispo-los-primeros-meses-del-2002-&catid=1%3Anacionales&Itemid=64&limitstart=4 

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