En el quinto piso del edificio de la Conferencia Episcopal, se ubica la sala de estar con la pantalla de televisión. Allí se encontraban Mons. Ovidio Pérez Morales, Mons. José Luis Azuaje, Mons. Jorge Villasmil, y los Padres Aldo Fonti y J. H. Quintero. Compartimos experiencias y angustias viendo los acontecimientos del día, que eran trasmitidos por los medios de comunicación. Por fin recuperé mi celular. Obispos, sacerdotes, familiares y amigos llamaban para tener noticias. Poco era lo que podíamos aportar.

Hacia las 12.30 de la madrugada, ya del viernes 12 de abril, recibí una llamada inesperada. El Ministro del Interior y Justicia, Sr. Ramón Rodríguez Chacín, preguntó si era yo el que contestaba, y sin más, me dijo que el Sr. Presidente quería hablar conmigo y me lo pasó. Con voz grave me saludó, pidió la bendición y me dijo: perdóneme todas las barbaridades que he dicho de usted. Lo llamo para preguntarle si está dispuesto a resguardar mi vida y la de los que están conmigo en Miraflores. En vista de los acontecimientos suscitados hoy, he conversado con mis colaboradores y he decidido abandonar el poder. Unos están de acuerdo y otros no. Pero es mi decisión. No quiero que haya más derramamiento de sangre, aunque aquí en el Palacio estamos suficientemente armados para defendernos de cualquier ataque, pero no quiero llegar a eso.

Le respondí que como sacerdote estaba dispuesto a hacer lo posible por la vida de cualquier persona. Máxime si me lo estaba pidiendo. Agregó: lo que yo quiero es salir del país, si se garantiza la vida de los que están conmigo. Le pido a Ud. que me acompañe hasta la escalerilla del avión o inclusive que me acompañe si es el caso.
¿Qué debo hacer?, le contesté. Me respondió: véngase al Palacio de Miraflores y aquí hablamos. Le paso al Ministro para más detalles. Le pedí un número telefónico del que Mons. Azuaje tomó nota. Me indicó, además, que cuando estuviéramos cerca lo llamara para abrirnos la puerta del Palacio.

Mi rostro delataba que algo fuera de lo común había sido objeto de aquella conversación. Cuando conté a los que me rodeaban con quién acababa de hablar y el tenor de lo intercambiado, todos se pusieron de pie y oyeron mi relato. De inmediato, Mons. Ovidio Pérez Morales pidió que nos juntáramos, entrecruzamos los brazos y musitó una oración. Así son los caminos de Dios, inescrutables, sentenció.

Luego dialogamos sobre qué debíamos hacer. Todos descartaron la idea de salir directamente para Miraflores. El único vehículo que teníamos a disposición era el pequeño carrito del Padre Aldo Fonti. Cualquier bala perdida atravesaría sin problemas la débil carrocería. Durante unos minutos, discernimos las opciones a seguir. Volvimos a llamar al Ministro para preguntarle si tenía algún vehículo a disposición que viniera a buscarme. Negó esa posibilidad. Indicó que me acercara y ellos estarían pendientes.

Pasado un lapso de tiempo llamó el Secretario de la Nunciatura, pues el Sr. Nuncio estaba ausente del país. El 9 de abril, en efecto, había salido para Francia a ver a su papá que estaba bastante delicado de salud. El Secretario tenía dificultad en el manejo del castellano y estaba preocupado por lo que estaba sucediendo. Había sido llamado tanto de Miraflores como de varias Embajadas. Le expliqué lo de la llamada del Presidente y quedó más tranquilo. Entre otras cosas, nos enteramos que, vía la embajada de España, hubo un pedimento del propio Fidel Castro al Jefe del Gobierno Español, Don José María Aznar, para que se le recibiera en la Península, pues el mandatario cubano manifestaba no querer recibirlo en la isla caribeña.

Seguidamente, llamé a Mons. José Hernán Sánchez Porras, Obispo Castrense, para consultarle con quién podía hablar sobre la petición de Miraflores. Nos indicó que lo mejor era dirigirse al General Efraín Vázquez Velasco y me dio su número telefónico, pero fue imposible la comunicación. Mons. Sánchez Porras logró comunicarse con él y le trasmitió el mensaje.
Al rato llamó el General Néstor González González de parte del Comandante General. Le hablé sobre la petición del Presidente y le ratifiqué que yo estaba dispuesto a ir a Miraflores. Indicó de inmediato que eso era improcedente por razones de seguridad personal y por el peligro de que me tomaran como rehén. En dado caso, en Miraflores tenían toda la logística para movilizarse si estaban dispuestos a buscarme, pues él era el Presidente en ejercicio. Me indicó que me trasladara a Televen donde estaba el comando que negociaba con Miraflores. En conversación posterior con el Ministro Rodríguez Chacín, le hice esa notificación. Estuvo de acuerdo, puesto que en primera instancia el Presidente se iba a dirigir a ese canal televisivo. Allí comenzaría la labor sacerdotal solicitada.

Fuente: http://www.vlinea.com/index.php?option=com_content&view=article&id=10563%3Abaltazar-porras-memorias-de-un-obispo-los-primeros-meses-del-2002-&catid=1%3Anacionales&Itemid=64&limitstart=5

Volver

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar