Fue poco el descanso. Las llamadas telefónicas arreciaron desde las ocho de la mañana. Una comisión de diputados de la Asamblea Nacional quería hablar con nosotros. Nueve de ellos se trasladaron hasta Montalbán. Representaban a todas las toldas políticas de oposición y de gobierno. Estaba en el ambiente la idea del vacío de poder. Llevó la voz cantante el Dr. César Pérez Vivas. Había una mayoría cualificada dispuesta a juramentar al Dr. Carmona como presidente interino o encargado, ante la ausencia del representante del máximo poder, si éste se presentaba personalmente en la Asamblea Nacional. La preocupación cundía y era por el insistente rumor de que se saltaría este paso constitucional. Se nos pidió que fuéramos a Miraflores a donde se estaba convocando a todos los sectores para intentar hablar con el Dr. Carmona y comunicarle la disposición de la Asamblea Nacional.

Fuimos hasta allá, Mons. Azuaje y mi persona. Era mucha la gente de todos los sectores que entraba libremente al Palacio Presidencial. No se sabía a quién recurrir para entrar al despacho presidencial pues nadie sabía quién mandaba en palacio. Luego de la primera rueda de prensa se nos permitió hablar con el Dr. Carmona. Había mucha gente en el Despacho. Entre otros, distinguimos a la dirigencia sindical con el Sr. Carlos Ortega a la cabeza. Apenas si pudimos saludar al Dr. Carmona y decirle que un grupo de parlamentarios quería conversar con él para plantearle una salida constitucional y rápida, al vacío de poder. Nos dijo que no nos preocupáramos, que todo estaba en marcha y que en la tarde habría anuncios importantes en un acto público que estaban convocando. Sin más, luego de comunicarle a los parlamentarios la conversación, nos retiramos de nuevo a la sede de la Conferencia Episcopal.

El tiempo para comer fue breve. Las llamadas, directas unas e indirectas otras a través de sacerdotes y monjas, para buscar refugio y cobijo seguro a personeros del gobierno o a sus familiares, fueron numerosas. Unos cuantos de los que aparecieron en los días siguientes como indoblegables seguidores del Presidente junto al pueblo, fueron en la hora chiquita, escurridizos y nada valientes fugitivos en busca de puerto seguro. La condición sacerdotal asemeja estos servicios humanitarios y misericordiosos al sigilo sacramental. En el libro de la vida constará la verdadera y auténtica actuación de cada quien. Así se escribe la historia.(o: Una cosa es cómo se vive la historia y otra cómo se escribe).

En horas de la tarde nos acercamos nuevamente a Miraflores. Recibíamos muchas llamadas pidiendo que se cumpliera con lo previsto por la Constitución ante el vacío de poder. El ambiente lucía pesado. En el patio central del Palacio, un grupo de excancilleres, entre otros, comentaba sobre la salida que irían a proponer. Cualquier cosa fuera de la Constitución, se convertiría en un golpe de Estado que difícilmente tendría reconocimiento internacional inmediato. No pudimos entrar al despacho por las distintas reuniones que allí se realizaban. En uno de los salones del edificio central colocaron aparatos de televisión.

Apenas comenzó el acto y ante lo que estábamos oyendo nos miramos extrañados. Lo mejor, nos dijimos, es que nos vayamos y sigamos escuchándolo por radio. Así hicimos. Eran más las dudas que las respuestas las que bullían en el interior de cada uno de nosotros. Mientras caminábamos hasta el estacionamiento de la Casa Militar, se desarrollaba el acto, por lo que no presenciamos las cosas que allí sucedieron ni oímos las que se dijeron. Al llegar a la sede de la Conferencia y en la soledad de la acogedora Capilla musitamos una oración por la paz y la reconciliación de Venezuela. Lo que estaba sucediendo no daba ninguna garantía de paz y tranquilidad.

Fuente: http://www.vlinea.com/index.php?option=com_content&view=article&id=10563%3Abaltazar-porras-memorias-de-un-obispo-los-primeros-meses-del-2002-&catid=1%3Anacionales&Itemid=64&limitstart=9

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