Muy temprano bajamos a Maiquetía para tomar el avión para Mérida. Mons. Azuaje se devolvió a Caracas, prefiriendo permanecer en la Sede de la Conferencia para que no quedara sola y atender así cualquier eventualidad. El vuelo salió con una hora de retraso, cerca de las ocho de la mañana. En Maiquetía, en el aeropuerto, me encontré con el Dr. Néstor López Rodríguez, diputado a la Asamblea Nacional. Conversamos durante el vuelo, y qué coincidencia, también a él algún prominente colega oficialista le había pedido que ocupara su puesto, mientras aquél buscaba dónde esconderse.

Regresé a Mérida porque tenía compromisos pastorales contraídos con anterioridad en el pueblo de Bailadores. A las cuatro de la tarde comencé una ceremonia de Confirmaciones. El Alcalde, Dr. Carlos Andrés Pérez, era padrino de uno de los jóvenes confirmandos, y se excusó por estar pendiente de las noticias que trasmitían por televisión. Se hablaba del inminente regreso del Presidente a Miraflores. Los concejales, mayoritariamente oficialistas, me solicitaron que me reuniera con ellos y les contara lo que yo había vivido. Así lo hice en la sede de la Alcaldía. En un ambiente cordial les conté lo que narran estas páginas y contesté a sus preguntas. Creo que ellos pueden dar testimonio de mi relato.

Al caer la tarde, mientras me trasladaba de Mérida a Bailadores, recibí varias llamadas del Cardenal Velasco. Las comunicaciones eran entrecortadas y se oía mal la conversación. Logré captar que lo habían llamado a Fuerte Tiuna para que se trasladara a La Orchila, a conversar con el Presidente. El Cardenal estaba confundido, porque no se sabía a ciencia cierta quién ejercía el gobierno en aquellas horas. Seguidamente, lo montaron en un helicóptero militar, pero el piloto no pudo encender los motores porque aparentemente el aparato estaba accidentado. Una vez que el Cardenal descendió, entonces sí prendieron los motores y despegó hacia un destino desconocido. Por lo visto obedecía órdenes de otra persona.

El Cardenal llamó entonces por teléfono a uno de sus ex- alumnos, quien tenía un jet privado estacionado en el aeropuerto Caracas, para pedirle que lo trasladara a La Orchila. Fue una aventura y una temeridad, nacida de su deseo de ayudar, sin medir las consecuencias. Fue casi un milagro que no le dispararan al aparato. A pesar de todo aterrizó en la isla, gracias a la pericia del capitán de la nave y a que los efectivos que custodiaban no le dispararon al aparato.

Al identificarse, los efectivos militares lo llevaron a él solo hasta donde se encontraba el Presidente bajo custodia. La historia siguiente la contó el Cardenal a la prensa y difiere notablemente de la versión que ahora se pretende dar, de que fue a forzar la renuncia. El Cardenal Velasco nos contó que tuvo la impresión de que su interlocutor se burlaba de él y le daba largas a la conversación, porque recibía noticias, vía celular, de que algo se estaba cocinando para que regresara a Miraflores. Ante la confusión que todavía reinaba, el Presidente pasaba de la depresión a la euforia, sobre todo, cuando se alejaba del Cardenal para atender alguna llamada, mientras caminaba a orillas del mar. Otros detalles de la actuación del Cardenal fueron recogidos por la prensa de aquellos días.

Fuente: http://www.vlinea.com/index.php?option=com_content&view=article&id=10563%3Abaltazar-porras-memorias-de-un-obispo-los-primeros-meses-del-2002-&catid=1%3Anacionales&Itemid=64&limitstart=11

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