La euforia de los sectores oficialistas se desbordó en los días siguientes al regreso del Presidente al gobierno. Los ataques contra el Señor Cardenal y mi persona arreciaron. En Mérida salió un documento del MVR contra mí y contra la Iglesia. Ello me llevó a dar las declaraciones que salieron en el diario El Nacional el día 20 de abril a página entera. Allí narré detalladamente lo acontecido. Nadie, hasta la fecha, ha osado desmentirme, porque lo que quedó estampado se ciñe a la verdad, sin juicios de valor ni ataques a nadie.

En el periódico El Universal del 22 de abril publicaron una entrevista a mi persona que se titula: Nos buscan cuando están abajo. Es cierto. Es la función sacerdotal de la misericordia y la consolación. Cuando vuelve la salud nadie se acuerda de que estuvo en dificultades. Es la versión actual de la parábola de los diez leprosos que fueron curados. Sólo uno, el samaritano, -el pobre, el paria-, se acordó de regresar a dar las gracias.

El miércoles 24, nos reunimos todos los Obispos con el Señor Presidente, quien asistió a la cita en nuestra sede de Montalbán. Fue una reunión cordial y serena. Nos saludó a todos y cada uno. La conversación fue larga. Después de mis palabras, extensas y pensadas, revisadas por los señores Obispos, se le entregó un resumen escrito de nuestras inquietudes al Señor Presidente. El mismo fue publicado en diversos medios y así consta en las actas de dicha asamblea. Está recopilado en el libro Compañeros de Camino III, editado en Trípode por Mons. Azuaje.

Las primeras palabras del Presidente fueron de agradecimiento al Señor Cardenal y a mi persona por lo que hicimos para el resguardo de su vida. Lo hizo con palabras afables y cordiales. Me atrevo a decir que hasta familiares; más para con el purpurado que para conmigo. Quería dejar constancia de ello ante todos nosotros. Cuando terminó de hablar, en la mesa del presidium, el Presidente me dijo, leí tu narración de El Nacional. ¿Qué le pareció? Sí, está bien. Si hubiera tenido alguna discrepancia, seguro que me lo hubiera manifestado inmediatamente.

Además, dijo que estaba dispuesto a dialogar con todos los sectores. Que la Iglesia lo ayudara en ese campo. Iba siguiendo, con las divagaciones que suele tener en sus discursos, los puntos que le habíamos planteado. Ante la pregunta que señalaba: ¿Proyecto compartido o revolución?, me impresionó su respuesta. Yo sé que a ustedes no les gusta la palabra revolución, pongan la que quieran, pero esto no lo para nadie. Y pídanle a Dios que sea pacífico. Pero eso no depende de mí. Si no me dejan, esto va de todas maneras. En cuanto a las responsabilidades del gobierno en los acontecimientos del día 11 y sobre los saqueos, fue evasivo. Según él, la culpa de todo había sido de la oposición.

Concluye así el primer cuatrimestre de 2002. Días marcados por muchos acontecimientos y por lecturas e interpretaciones contradictorias sobre su sentido. Muchas cosas han sucedido desde entonces, que han impedido el acceso a la verdad, pluridimensional por principio: socio-histórica, jurídica, militar, moral, etc. Por ejemplo, ¿quién mató a las víctimas de Puente Llaguno? La historia que escriben los vencedores tiene siempre un componente épico que tiende a excusar los propios males y hasta endilgarlos a los demás; y otro ideológico, ligado al proyecto propio y al ejercicio y mantenimiento del poder.

En Teología, el tema de la memoria, como categoría religiosa e interpretativa, ha sido muy desarrollado. Varios autores han escrito sobre ella y la califican como subversiva, en el sentido de que pone al descubierto lo que otros tapan o justifican. Otros hablan de las trampas de la memoria. No existe una versión químicamente pura de ningún acontecer humano. Tampoco de su memoria, que es, en definitiva, una interpretación. Hay un nexo ambivalente entre memoria e ideología. Todo hecho humano se expresa en un lenguaje inculturado. La sabiduría popular lo recoge en aquel dicho de que cada quien cuenta la fiesta según le ha ido.

La memoria es necesariamente una selección. Algunos rasgos se conservan, otros se dejan a un lado y otros se olvidan. De allí el valor de las crónicas y narraciones periodística de primera hora. Es por esa razón por lo que, a cada cambio de régimen político, se vuelve a escribir la historia (Emilio Grasso). Nexo también ambivalente entre ideología de justificación y utopía de liberación. De ahí la importancia de la palabra de los de abajo, de los vencidos. Es la verdadera profecía, la única que une el perdón y la reconciliación con el futuro. No queda otro camino para la paz y la fraternidad, la esperanza y el amor. Dios quiera y lo aquí narrado contribuya a esclarecer, y así ayudar a sanar, esta página de nuestra historia reciente.

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Fuente: http://www.vlinea.com/index.php?option=com_content&view=article&id=10563%3Abaltazar-porras-memorias-de-un-obispo-los-primeros-meses-del-2002-&catid=1%3Anacionales&Itemid=64&limitstart=13

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