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EN AQUEL ERROR HISTÓRICO CIUDADANO del año 1998 cuando el castrismo cubano tomado de la mano con el chavismo se instaló en Venezuela, no pocos esperaban ingenuamente el fin de la corrupción y la repartición justa de riquezas se hiciera realidad. Pero fueron, nuevamente, promesas que se diluyeron a tal punto que, hoy, nadie puede siquiera creer que tuvieron la intención de cumplirla.

El resultado de aquella maltrecha esperanza revolucionaria bolivariana pomposamente llamada por Dieterich "socialismo del siglo XXI", sólo ha traído la situación que padecemos cada día: desgracia, infortunio, ignominia, afrenta, violación de los Derechos Humanos y largo etcétera de infracciones. Ha sido la estafa más grande cometida en la historia venezolana. Con el tiempo han cambiado actores y escenarios, la pobreza se multiplicó tanto que, se convirtió en miseria y carestía como característica, la pudrición ávida e insaciable continua sin recato, la desesperanza marcó y marca cada día más a los venezolanos de bien. ¡Los dirigentes pactan, los pueblos pagan o castigan!

Antes de esta demencia castro chavista, desarrollamos entre los venezolanos una sociedad capaz de convivir a pesar de las diferencias, perezas y codicias personales disfrazadas de análisis perversamente sueltos, mescolanza de bondades, maldades que alumbraba esperanzas e ideales tanto como los desbarataba, un burbujear que unos días deprimía y otros entusiasmaba, éramos un pueblo vivaz, nación, país, que se equivocaba y levantaba de sus errores, acertaba, seguía adelante y muchas veces confundía unos con otros. No era perfecta ni sus ciudadanos tampoco, pero ese cambio soñado tenía raíces y horizontes visibles. No obstante, algunos desafiaron lo peligrosamente gravoso de aquella locura, sacrificaron futuro y sueños, ofrendaron logros, arriesgaron solidaridad, comprometieron la paz, malbarataron la esperanza, y se robaron las riquezas del país,

La infeliz revolución chavista madurista aliñada con castrismo apagó esa alternancia de día y noche, alegría y tristeza, lamentos y humoradas, para sacar uniformes, lazos de luto e iniciar un periodo lúgubre, sombrío, tenebroso en constante putrefacción política, podredumbre social, mugre ética e inmundicia moral, abriendo puertas, generando especies depredadoras, violentas, ambiciosas, sin principios, preocupadas sólo por sus propias ganancias económicas y lujos sin importar el prójimo.

No se trata a secas de quienes han deambulado por cargos de gobierno, sino de inhumanos, crueles delincuentes, aglutinados en clanes, bandas, pandillas con nombres independientes pero delitos que los agrupan. Pranes, colectivos, bachaqueros, caza rentas, enchufados, boliburgueses, bolichicos, todos calificativos alineados con la corrupción, indigencia y descomposición social, bandidos, ladrones, proscritos que se atiborran los bolsillos cometiendo infracciones contra el tesoro público, profesándose como socialistas -los muy sinvergüenzas-, pero existiendo y deleitándose como autócratas oligarcas.

Imposible olvidarlos, darlos por hechos, desde roba gallinas con apetitos, crueldades desbocadas, descontroladas y dispuestas a cualquier delito o canallada por un dólar más, hasta jóvenes acreditados burgueses, formados en colegios reputados, miembros destacados de familias sobrias que guardan distancias, saben vestir elegantemente, hablar fluidos idiomas, pero armonizan con crímenes de narcotráfico, trata de seres humanos, lavado de dinero, y amplia imaginación del delito en busca de riqueza. En esta Venezuela el que la hace no siempre la paga.

El problema va más allá, por eso no pueden ser absueltos o indultados, su indolencia e indiferencia ante el sufrimiento, indigna. ¡No tienen paz con la miseria! Han vaciado arcas ricas y manipulado sofisticados servicios en beneficio propio; han coincidido en adueñarse de los dineros para alimentos, medicinas, tratamientos, equipos. No es sólo que roben, también transforman en hambrientos, miserables, enfermos y muertos a mujeres, hombres, niños, viejos, a todo aquél que no sea ladrón, cómplice, camarada de la podredumbre.

En Venezuela caímos de la abundancia a la mengua, extremos de una mayoría que ya no tiene nada o muy poco; los abusivos facinerosos continúan impunes atiborrando sus bolsillos cometiendo delitos. La pobreza se multiplicó convirtiéndose en miseria, la corrupción de hizo más voraz y los principios éticos y morales fenecieron.

De espalda y sin consentimiento ciudadano los partidos opositores oficialistas, complacientes y electoreros, se preparan para repartirse -en un dos para ti dos para mí y uno para ambos- el CNE con sus pares del PSUV, se frotan, abren las manos, la recolección de fondos los estimula y excita, empiezan a encampañarse, aceitan sus malogradas maquinarias para la bribonada y fraude electoral que negocian y arreglan bolichicos cómplices cooperantes, ladrones del tesoro público.

Para la paz de los buenos nos exigen aceptar la paz de los malos ¿Ahora vamos a convivir con ellos? ¡Ni de vaina!

Escrito por: Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Fuente: https://runrun.es/opinion/382085/la-desverguenza-e-infortunio-que-nos-toco-vivir-por-armando-martini-pietri/

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