{jcomments off}

Con el deseo de colaborar efectivamente para que los votantes de hoy se transformen en los electores del mañana y que el principio de que la soberanía reside en el pueblo sea una tangible realidad. Nuestra consigna: ¡Votar para elegir!

Visitanos

NOTA IMPORTANTE: Las propuestas que hacemos en este sitio solamente se pueden hacer realidad en democracia.

 

 

 

 

A Rafael Aguirre Sacasa, una explicación que él merece.

He hecho periodismo de opinión, desde que cumplí los 17 años de edad, es decir, son casi sesenta años, en tan larga jornada se va aprendiendo el oficio, al extremo de que uno llega a sentirse como una rocola, se introduce un medio (se me cayó la cédula), se aprieta un botón y la música deseada impregna el ambiente.

Hasta se crea el reflejo de desarrollar en cuartilla y media (extensión clásica de un artículo de prensa) cualquier tema. Yo, por décadas, escribía y firmaba unos dos artículos semanales, uno en El Nacional (por 17 años) o en El Universal (por 18 años) y el segundo usualmente para Ultimas Noticias, El Mundo, La Verdad o El Globo, ademas de la columna “La oreja de Dionisos” en la revista Zeta por otros cinco años. A esto se añadía uno o dos artículos con pseudónimo en El Nacional, así Cyrano o Jacinto Canek hicieron sus travesuras, o Nelson Luis Martínez me hacia producir un ensayo, para el excelente suplemento literario de Últimas Noticias, que personalmente dirigía, hace también bastante tiempo deje de producir como ghostwriter para algunos líderes y altos funcionarios y candidatos, escasos de tiempo.

Este largo introito no persigue fines autobiográficos, a los cuales no les vería ningún interés, pero espero contribuya a explicar el silencio que algunos me reprochan ¿Porqué deje de hacerlo? Entre otras razones desaparecieron los periódicos, o algún propietario acobardado prefirió colaboradores más dóciles para con el proceso y además,en paralelo, se popularizó el internet, el twitter, el proceloso mar de las redes.

Estas son todas razones externas a mí mismo. La más dolorosa y honda de las causas de este auto impuesto silencio, está adentro de mí y es muy triste. Se llama desencuentro, extrañamiento, exilio espiritual.

Toda mi vida, he sido un apasionado por la Historia, es decir estoy preparado para los cambios, la evolución y hasta en cierta medida para comprender la involución. No obstante, lo ocurrido en Venezuela, en estos 20 años de insania y desenfreno a ratos me agobia y desenraiza, me supera y me extraña. La lejanía de lo propio es lacerante y más cuando no encontramos elementos objetivos que la expliquen, muchísimo menos que la justifiquen.

El precio, verdaderamente elevado, no es el del silencio, es el de la lucidez, cada día más inalcanzable. Pasamos la vida entrenando nuestra inteligencia para el análisis, para las decisiones, para ser capaces de optar sobre la marcha –en medio de la tormenta- y despertamos súbitamente en una corte de los milagros siniestra y deleznable, en la cual nada se crea y todo se deshace, pero en la cual muchos pretenden comportarse como figuras de Disney World, siempre en el mejor de los mundos posibles, panglosianos y beatos, vírgenes predestinadas a la violación y el atropello.

He preferido callar, a asumir de plano, el desdichado papel del aguafiestas, no puedo contribuir al engaño, deliberado, técnicamente inducido. Pero tampoco me atrae ser el destructor de las ilusiones de un pueblo, que lleva la ingenuidad hasta el suicidio.

Sentí ira, fuego de adentro, del alma, de los tuétanos cuando inventaron aquella especie de feria o verbena en Cúcuta, disque para levantar fondos, que ni para eso sirvió.

El aire de frivolidad y ligereza no era un simple toque de juventud, era un reflejo de la liviandad profunda, la frivolidad irresponsable y cursi de una sedicente dirigencia o liderazgo, banal e indigno, de conducir la reconquista de un pueblo burlado, desangrado, perseguido.

De una juventud seria que se ganó en la calle exponiendo y perdiendo muchas vidas, su derecho al liderazgo, un liderazgo puro, nimbado de heroísmo, no un botín de toma y dame para fruición y deleite de los bolichicos y los cabilderos cuestionados y venales que aún se pavonean por los corredores del Palacio Federal.

La opción es dolorosa, pero es necesaria, no habrá salida, real ni duradera, si no se produce una descarnada asunción de nuestra realidad, sin pañitos calientes, ni emulsionante vaselina. Somos un país joven, pero ya adulto, basta de novelitas rosas y autoengaños dulzones, con dos de aquellos, sobre un yunque si es necesario, adelante, por la calle del medio. Vacilar es perdernos.

Escrito por: Alfredo Coronil Hartmann
@coronilhartmann
Caracas 2 de junio de 2019.

Fuente: https://pararescatarelporvenir.wordpress.com/2019/06/02/el-precio-del-silencio-por-alfredo-coronil-hartmann/

Volver

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar