Hay muchos que, como entonces, se encuentran e identifican en la destrucción y aplauden eufóricos

Por estos días, una improbable cadena de casualidades me ha llevado a indagar más sobre el desaparecido Hotel Majestic. Así llegué a saber que fue inaugurado en 1930, obra del arquitecto español Manuel Mujica. En su época llegó a ser no sólo el hotel más lujoso del país, sino también el primero con agua caliente por griferías y el primer edificio con ascensores. Supe además que, con sus cuatro pisos, era el edificio más alto de la ciudad, razón por la cual los bomberos metropolitanos lo utilizaban para hacer prácticas de rescate "en las alturas".

El Majestic era un edificio de techos rojos, frente al Teatro Municipal. Tenía un café con toldos que se abría a una pequeña plaza, en donde había una estatua de José Tadeo Monagas, un hermoso reloj de pié, y más al fondo, la fachada del teatro. Desde allí se podía observar el tranvía que subía en dirección norte por la izquierda. Supe también que Aquiles Nazoa fue en una época botones del hotel, y que Carlos Gardel se hospedó allí en 1935, durante su visita a la capital. Desde allí, en una hoja membreteada "Hotel Majestic: El más moderno y mejor situado" que aún hoy en día se conserva, escribió: "Querida mamita: aquí me han recibido como un Presidente, te podés imaginar, las películas han hecho una popularidad enorme".

El Majestic fue demolido a finales de los años cuarenta. Todas las crónicas de la época dan cuenta de la presencia reiterada de la pala y el bulldozer, que venían a ponerle fin a nuestro bucólico pasado y a abrirle camino a la "modernidad". Ese rasgo constante en nuestra historia según el cual cada cierto tiempo hay que dar al traste con todo, demoler las viejas estructuras y reinventarse, que en el fondo no es más que una muestra de la decepción y el descontento que nos ocasiona ser nosotros mismos, una señal más de nuestra ausencia de autoestima. José Ignacio Cabrujas recuenta "el sonido de aquella bola, quebrando las paredes ante el maravillado júbilo de centenares de caraqueños que voceaban y ponderaban el movimiento pendular de la pesada mole... En un cierto momento, la esfera metálica alcanzó una columna y un piso entero se resquebrajó, levantando nubes de polvo. El aplauso fue unánime y emocionado. Era como si nos encontráramos a nosotros mismos en ese gesto colectivo... Y mentiría si digo que alguien expresó nostalgia".

El Majestic cedió para darle lugar al Edificio Sur del Centro Simón Bolívar. Este mamotreto de concreto, además del solar del hotel, requirió también de la demolición de la plaza e inclusive de la preciosa fachada del teatro. Otra analogía sin desperdicio: hoy se entra al Municipal por lo que en aquél entonces era la puerta de atrás.

Resulta difícil ver esas fotos del Majestic y después las otras, las de los escombros, y no sentir cierto temblor, cierto estremecimiento. Qué poco puede llegar a quedar de nosotros. Setenta años después, vuelve la inmensa bola de concreto, bamboleándose con una fuerza todavía mayor, dando al traste con todo y con todos. Y aunque hay algunos que, mezcla de temor y valentía, se oponen al movimiento pendular, también hay muchos que, como entonces, se encuentran e identifican en esa destrucción, y aplauden eufóricos y emocionados.


Miguel Angel Santos
http://www.miguelangelsantos.blogspot.com/

FUENTE: http://www.eluniversal.com

 

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