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Estafa // Dulce María Tosta

La Coordinadora Democrática y la Mesa de la Unidad Democrática, hicieron su mejor papel en esta obra de teatro llamada «Venezuela». Alcanzaron el éxito al cometer la mayor estafa en su historia republicana: hacerse pasar por opositores, que obtuvieron beneficios para sí y para terceros y en especial, cometieron el gigantesco crimen de hacernos sentir un pueblo innoble, sin mérito para ser libre, mediante mentiras y engaños.

Esta estafa, como cualquier otra, es falaz, realizada con toda la intención de hacer daño y lograr el objetivo concreto de fortalecer un status quo que les resulta favorable. Si no fuese así, ¿Cómo se explican las gestiones de «opositores» para que se suspendan las sanciones a líderes de la tiranía? ¿Qué excusa pueden presentar para quitarnos el sabor amargo que nos dejó la marcha del 1° de septiembre de 2016, ─Toma de Caracas─ cuando la movilización de más de un millón de ciudadanos no sirvió absolutamente para nada? ¿Qué de los nefastos resultados de las parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 y de la parodia del interinato de Juan Guaidó?

Por cuanto «no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo», los políticos de la llamada falsa oposición, bien los del G4 o los de la M sin U y sin D, ya que desde hace rato perdieron esas letras, porque no están unidos, ni son demócratas y tampoco, son capaces, ni les interesa alcanzar nuestros objetivos, es por ello que es urgente y necesario sustituirlos. A tal efecto, el chavismo cavila entre Henrique Capriles, Claudio Fermín, Leocenis García, Manuel Rosales, Timoteo Zambrano y Henry Falcón, pero cualquiera que fuera la escogencia para el liderazgo de la nueva falsa oposición, tiene una pesada piedra en el ala: el inocultable rechazo de la ciudadanía a uno y a otros, expresado sin ambages mediante la magnífica y avasalladora abstención en los últimos falsos procesos electorales.

Toda espera es hija de la esperanza; de allí que cuando en política se desea que la espera sea eterna, la esperanza se reubica siempre cerca de la mano del iluso, pero nunca lo suficientemente cerca para que sea asida. Así, una esperanza que va saltando delante de nosotros cual conejo que huye, puede distraernos por toda la eternidad y el régimen perdurar por igual tiempo.

No podemos olvidar que el proceso electoral del 20 de mayo de 2018, le gritamos al mundo que somos un pueblo de gente digna y combativa y, a todos los efectos, la falsa oposición, llámese MUD, Frente Amplio o de cualquier otra manera, no nos representa ni está autorizada para ser nuestra vocera, ya que la abstención de ese día marcó un precedente y nos debemos sentir, por ello, satisfechos.

Ante esta nueva realidad, construida por la inmensa masa de ciudadanos comunes que soporta la pesada carga de la tiranía, nos llena de válida esperanza y nos acerca ─sin lugar a dudas─ a la libertad.

Escrito por: Dulce María Tosta
@DulceMTostaR
25 septiembre 2020

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