{jcomments off}

Con el deseo de colaborar efectivamente para que los votantes de hoy se transformen en los electores del mañana y que el principio de que la soberanía reside en el pueblo sea una tangible realidad. Nuestra consigna: ¡Votar para elegir!

Visitanos

NOTA IMPORTANTE: Las propuestas que hacemos en este sitio solamente se pueden hacer realidad en democracia.

 

 

 

No es necesario ser constitucionalista, ni experto en ciencias políticas, para concluir que algo muy malo debe haber sucedido en Venezuela para que, siendo uno de los países mejor dotados del mundo, se encuentre depauperado y convertido en ejemplo de lo que no debe ser.

Un simplismo sospechoso trata de convencernos de que la aparición de Hugo Chávez en la vida política nacional es el compendio de todos sus males; que la Venezuela pre chavista era una suerte de Disney World magnificado, a la que nada o poco se le debía agregar para alcanzar la perfección.

En verdad, Venezuela viene cojeando desde mucho antes de 1998, aplastada por una sucesión de gobiernos pésimos (cada uno peor que el anterior) que dilapidaron una fortuna inimaginable, bien por incapacidad para el manejo de los asuntos públicos o por el coronavirus de nuestra historia republicana: la corrupción.

Hemos propuesto en las redes sociales que los venezolanos se hagan una pregunta: ¿Por qué no somos un País del primer mundo?. ¿Qué circunstancias infames nos ha degradado al punto de colocarnos entre los pueblos más pobres del planeta?

En eligetu manejamos desde hace tiempo una teoría para explicarnos nuestra dolorosa situación actual: Venezuela no conoce la verdadera democracia, pues su principio fundamental (la soberanía popular) se ha degradado al punto de que no es la gente quien marca los derroteros del país, si no partidos o coaliciones de partidos que –de paso- no ejercen a lo interno los principios de la democracia.

Repasando la historia de nuestros últimos 60 años, se nos ocurre pensar que el manantial de nuestra tragedia republicana fue el Pacto de Punto Fijo, suscrito por AD, Copei y URD el 31 de octubre de 1958. Tal pacto, que ha debido ser temporal mientras se superaban las angustias provocadas por el acoso del comunismo, por un lado, y la ultraderecha por el otro, derivó en la partidocracia adeco copeyana que nos trajo a Chávez como consecuencia previsible.

En esta humilde trinchera creemos que Chávez es consecuencia y no causa. El barinés llegó al poder rodeado de una aureola de heroicidad por haber comandado el golpe del 4 de febrero y aceptado su plena responsabilidad en el hecho. El hastío popular causado por los malos gobiernos de Acción Democrática y Copei, pasó factura en las elecciones de 1998 y se dejó ver en las de 1993, con el triunfo de Rafael Caldera y la inesperada eclosión de Andrés Velásquez.

La partidocracia instalada por AD y Copei, e imitada torpemente por el PSUV y la MUD, ha muerto. Para que no reviva jamás, debemos democratizar la normativa electoral, personalizando el voto y erradicando para siempre el «voto lista» y la figura del «suplente», como forma de hacer realidad el principio de que la soberanía reside en el pueblo y no en las fauces de los partidos políticos.

09/04/2020

Fuente: https://www.eligetu.org/editoriales/editorial_9_abril_2020.html

Volver

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar