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Una nueva moda parece estar tomando cuerpo en este País: llenar de epítetos al pueblo venezolano, haciéndolo aparecer como culpable de todos los males que lo aquejan.

Calificativos como «pasivo», «cobarde», «indolente», etc., se leen y escuchan proferidos por compatriotas, muchos de los cuales se han destacado en los campos de su actividad artística.

Culpar a todos es una manera de exculpar a los verdaderos culpables; ellos no son otros que los que convirtieron la política en el arte de engañar y en la manera más expedita de amasar fortunas sin riego ni esfuerzo.

El pueblo venezolano de hoy no es distinto genéticamente al de 1958, que defendió con uñas y dientes al régimen de Wolfgang Larrazábal; tampoco lo es al del 12 de abril de 2002, que marchó a Miraflores y logró defenestrar a Chávez, capitaneado por unos dirigentes opositores de verdad, ─erráticos─ pero ajenos al diálogo y a la traición. Es el mismo de la «Toma de Caracas», que terminó ─gracias a la MUD─ en un simple saludo a la bandera.

Las duras acusaciones contra el pueblo, tienen su velada fuente en las agrupaciones que cobijan a los verdaderos culpables de la «conducta actual» del venezolano, promovida con la ayuda de uno que otro insensato con pretensiones de estadista, pero sin calificaciones para ser ni siquiera político de aldea.

Para el pueblo venezolano, estos 20 años no han pasado en vano; ha aprendido a separar la paja del trigo, ha identificado a quienes lo engañaron una y otra vez y hoy sabe diferenciar a los verdaderos de los falsos líderes y a las actividades inocuas de las acciones que lo pueden conducir hacia la libertad.

Este pueblo de hoy no es inferior al de ayer; por el contrario, es más sabio y, por tanto, está más cerca de tener éxito en la recuperación de su libertad y en la construcción de una República verdaderamente democrática.

11/08/2020

Fuente: https://www.eligetu.org/editoriales/editorial_11_agosto_2020.html

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