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-En 1998 no habían redes sociales, pero había mucho más fanatismo que ahora, solo que no era por Twitter por donde se manifestaba, sino en cada reunión familiar, en cada sitio de trabajo, en un autobús, en una cola del banco o en cualquier lugar público.

-Las consecuencias de aquel fanatismo ciego fueron: matrimonios rotos, relaciones de trabajo hecha trizas, familias divididas, amistades dañadas de por vida.

 -Aquel fanatismo ciego por un hombre con mucho carisma, pero sin ninguna preparación y sin ninguna probidad para el ejercicio de la función pública, fue el inicio de todas nuestras desgracias como país.

 -Hoy el fanatismo ciego tiene en twitter su mejor vehículo; yo diría que peor, porque es más fácil insultar desde una distancia infinita y desatar los demonios internos, desde la comodidad del anonimato.

 -En aquellos tiempos, atacar al "ídolo" de turno, era desatar la ira personal y la colectiva. Recuerdo muy claramente que en esa época el adversario, el enemigo por excelencia, (elegido por el propio ídolo) eran los partidos de la "4ta República", en especial, los adecos.

 -Así, de atreverse a cuestionar al "ídolo" del momento, la respuesta instantánea era inequívocamente la misma: "eres adeca", o "los adecos te lavaron el cerebro". Esos eran los insultos de moda en aquellos nefastos tiempos de oscuridad en Venezuela.

 -Por ironías del destino, hoy la historia simplemente se invirtió. Ahora, quienes cuestionan los errores del "liderazgo de turno", reciben como insulto un infinito rosario de epítetos: chavista, G2, guerrero del teclado, tuiteneitor, secta, sifrino, y así un largo etcétera.

 -Hoy veo con tristeza que ese gen del fanatismo ciego vuelve tercamente a emerger desde la genética más dañina de nuestro gentilicio.

 -En la actual Venezuela, señalar los errores o desaciertos del nuevo líder, es atreverse a destapar una caja de pandora alimentada por veintiún años de odios profundos, de iras infinitas, de miedos inducidos desde las más altas esferas del poder, de intolerancias propagadas como virus sin vacunas.

 -El "argumento", si es que se le puede llamar como tal, es que cualquier error o desacierto que se señale, se convierte en munición para el enemigo, usando los mismísimos principios del joven Nicolás Maquiavelo, (y digo joven, por aquello de que nunca envejece, pues siempre está vigente).

 -He manifestado más de una vez mi total y absoluto rechazo al chavismo y a su tenebroso legado. Igual he dejado constancia de mi apoyo condicionado a Guaidó, quien por circunstancias, no por méritos, ha sido llamado a encargarse de la transición, con una ruta que él mismo marcó.

 -Pero apoyar no es sinónimo de obediencia ciega, de convalidación de errores, de callar por considerar que eso alimenta al enemigo, como si no lo hubiera alimentado ya suficientemente, esta misma dirigencia "opositora", por sus grandes errores, durante estos destructivos veintiún años.

 -Igualmente he dejado constancia de que para el periodo posterior a la transición, no apoyo ni apoyaré a una persona que ha demostrado no estar preparada para gobernar en el periodo más difícil y complejo que le haya tocado a la República de Venezuela.

 -Para el período post transición, se necesita una persona capacitada y con el carácter y la madurez suficiente para tomar las duras decisiones que se deberán tomar, sin el tutelaje y sin el control de la vieja y podrida cogollocracia partidista.

 -Si el chavismo toma nota, se aprovecha de los errores y desaciertos del actual "líder" opositor, debería ser el error y no su cuestionamiento, lo que debe ser objeto de análisis, para no volver a cometerlos.

 -Por lo que la lógica sería, exhortar al "líder" a no cometer tantos errores y desaciertos, en vez de insultar o silenciar a quienes los señalan, puesto que ya no hay tiempo para cometer errores y luego pedir perdón por ellos. En ese tejemaneje se nos fue UN AÑO.

 -Venezuela necesita un liderazgo eficiente para enfrentar el reto de construirla desde cero. Y un liderazgo no se construye con fanatismos ciegos, sino con inteligencia, con claridad, con conciencia.

 -Los liderazgos sólidos se construyen con respaldo ciudadano firme, pero sujeto al escrutinio público, no con fanatismos ciegos.

 -No voy a cambiar mi libertad de pensamiento hoy, como tampoco lo hice en 1998. Si mi voz es una nota discordante en un coro de fanáticos, y me expulsan por ello, pues prefiero cantar en solitario al compás de mi conciencia, que sujeta al mandato de la mediocridad y el fanatismo ajeno.

Escrito por: Yasmin Nuñez García
@yasmincnunez

Fuente: su autora

 

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