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Inmoralidad //Dulce María Tosta

Los partidos AD y Copei, engolosinados con décadas de poder sin oposición, fueron víctimas del viejo adagio «A quien Dios quiere perder primero lo pone ciego» y marcharon ─mirando por encima del hombro─ hacia el entierro de una democracia que, a pesar de sus múltiples fallas, fue inmensamente superior al desastre en el cual hoy estamos sumidos.

Las cúpulas partidistas de aquel entonces, priorizaban las formas sobre el contenido, llegando a la desfachatez de hacerse llamar democracia formal o representativa, dicho en criollo, democracia de las formas, de las apariencias, pero de contenido vacio y a sus antojos manejada; dejando ver claramente lo poco democráticos que eran a lo interno y proclives a los acuerdos, vagabunderías y componendas secretas, que en mucho perjudicaron al País y a sus ciudadanos.

Desde 1958, hasta la fecha, los políticos han sido los electores y la gente, que debió haber sido el elector era simples votante, convalidadora de decisiones que le son extrañas y que en la mayoría de los casos obedecía más a intereses parciales que a los nacionales. Esa democracia falsaria y solapada fue tejiendo el chinchorro sobre el cual se posaría Hugo Rafael Chávez Frías con su por ahora, adquiriendo el carácter de héroe de los desposeídos, de los resentidos y de quienes no se explicaban las razones por las cuales una Nación con tan inmensas riquezas y posibilidades se mantenía anclada entre los países del tercer mundo.

La tragedia que hoy vive Venezuela y que sorprende al mundo entero por lo inexplicable, tiene sus antecedentes en la democracia pícara que nos impusieron las cúpulas podridas de AD, Copei y afines. ¿Acaso es propio de demócratas admitir las amenazas del Ministro de la Defensa Radamés Muñoz León, contra el candidato presidencial Andrés Velásquez en 1993, o la declaratoria de victoria de Claudio Fermín cuando fue apaleado por el candidato a Alcalde de Libertador de la Causa R, Aristóbulo Istúriz? También, vimos el inmenso apoyo popular que lograron Rafael Caldera y Andrés Velásquez, en su conjunto, resumiendo el hartazgo producido por el bipartidismo; donde los venezolanos estaban en búsqueda de terceros caminos que les eran cerrados con tozudez suicida, porque unos políticos de medio pelo estaban solo atentos a la defensa de sus intereses particulares y sectoriales y sordos ante los clamores, cada vez más evidentes, de los ciudadanos a quienes decían defender.

Hemos dicho y seguiremos diciendo hasta el cansancio: se debe desmantelar ese perverso sistema electoral , para que el ciudadano pueda ejercer su derecho a elegir y no, simplemente a votar y no entregar a una escuálida minoría el mañana de todos. Esta inmoralidad no debe continuar y si trataran de imponerla una vez más, la abstención masiva debe ser la clara y contundente respuesta popular. ¡Basta de abuso!

Escrito por: Dulce María Tosta
@DulceMTostaR
09 octubre 2020

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