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No votar // Dulce María Tosta

La patética situación en Venezuela, nos exige a todos por igual grandiosos esfuerzos y sacrificios monumentales. La ignorancia hace a los pueblos apáticos y manejables. ¿Conoce usted a alguien antes de votar que haya leído un programa de gobierno? Ciertamente, tales programas se han convertido en una larga lista de promesas que no cumplirán y que ninguno tiene interés en cumplir, dirigidos a captar el voto de electores más atraídos a leer el ejemplar de una Gaceta Hípica que un material referente a los asuntos sociales en su comunidad. Así, nos hemos convertido en votantes deficientes permitiendo que sean grupos penumbrosos quienes tomen las grandes decisiones y quienes elijan a los que han de ejercer la intermediación para el ejercicio de la democracia indirecta que, en definitiva, termina siendo muy poco democrática.

En la mayoría de los casos, hemos votado para castigar al gobierno de turno y no para elegir el futuro gobierno; de allí que le demos gran importancia a las posibilidades de triunfo de cada candidato y convertimos la más importante justa política del País en una suerte de confrontación hípica donde todos desean adivinar el ganador. Eso hace que la primera preocupación de los candidatos presidenciales sea la de presentarse victoriosos antes que acertados en sus planteamientos sobre la conducción del Estado; para ello contratan asesores y hacen todo tipo de piruetas, como la absurda de la economía del voto como contrapartida del voto consciente.

Década tras década hemos votado economizando el voto y castigando al gobierno de turno; de esta forma, hemos votado mirando hacia atrás, castigando el presente y renunciando al futuro. No es de extrañar, entonces, que cada gobierno resulte peor que el anterior y que hayamos caído en un pingpong electoral (AD-Copei) que tuvo su culminación en el triunfo de Chávez en 1998 y los sucesivos triunfos de quienes estaban dispuestos a todo menos a dejar el poder, máximo ahora cuando saben que muchas son las cuentas que les ha de pedir la justicia nacional e internacional.

El venezolano no debe seguir votando a ganador ni como verdugo cobrador de pasadas ofensas. Estos veinte años de barbarie y antidemocracia pueden revertirse en lo mejor que le haya pasado al País, si resultan útiles para que todos tomemos conciencia de nuestros deberes como unidades del colectivo nacional, si son buenos para que vaciemos nuestras ciudades de pobladores y las llenemos de ciudadanos, para erradicar el patrioterismo y suplirlo con patriotismo que responda positivamente el planteamiento que una vez hiciera John Kennedy: «No te preguntes que puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país.» No votar.

Escrito por: Dulce María Tosta
@DulceMTostaR
18 septiembre 2020

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